Ausencia ideológica

Por Pedro Venegas

Los procesos electorales en nuestro país nos dan la pauta de lo que puede venir, para bien o para mal, en un futuro de nuestro país. Las recientes elecciones en cuatro estados de la República activó las conciencias ciudadanas a través de sus votos, incluso, con su lamentable abstencionismo. Sin embargo, ya no hay una claridad absoluta como en el pasado para una elección, ya no existen los estadistas, los ideólogos, los líderes natos, que nos daban la oportunidad de elegir con certeza. No quiero hablar de los actuales “x” o “z” candidatos, quiero más bien hacer una reflexión de lo que hemos perdido.

Con la llegada de las redes sociales y su inmediatez podemos percibir casi al momento de los hechos lo que va sucediendo, situación que ha sido aprovechada por los partidos políticos para manipular a los ciudadanos a su antojo. Rumores, a veces infames, provocan la molestia popular, el caos y la inestabilidad, métodos ruines, a mi parecer. Todo esto nos habla y mucho de la terrible transformación que hemos sufrido.

Sorpresa para algunos, alegría para otros, los resultados de los comicios vuelven a demostrar el sentir del pueblo, y lo digo sin ninguna tendencia, en los actuales días de la República que corren, repletos e indigestos de episodios electorales, protestas y solicitudes necias de recuentos, se atomiza y deslava todo tema que no tenga que ver con la inmediatez del cambio de poderes.

Todos caen bajo los adjetivos de sus adversarios. Como suele suceder, los extremos se tocan: frente a una gran efervescencia política que alcanza a disparar los puntos del rating televisivo durante el debate entre los candidatos gubernamentales, están la apatía y el olvido de hechos que han marcado nuestro rumbo político y como sociedad.

Como parte de los tiempos que vivimos, los medios masivos de comunicación nos enlazan, sí, pero también nos acostumbran a consumir sólo el tema del momento. La importancia y el interés de un asunto social hoy dura lo que permanece vigente un tuit. Lo dijo Obama: hay políticos cuya ideología cabe en 140 caracteres… ¡y sobra espacio!

Como un deja vu incesante que se repite año tras año, lo mismo, siempre lo mismo, me detengo un momento para reflexionar sobre lo que han sido y lo que serán las opiniones en las columnas políticas de lo vivido. Este mes debería ser de remembranzas históricas que ni en las escuelas tienen ya cabida. Por citar un ejemplo relevante, hace 215 años que se promulgó la Ley Lerdo, nombre breve de la “Ley de Desamortización de las Fincas Rústicas y Urbanas de las Corporaciones Civiles y Religiosas de México”.

Subrayo que acciones legislativas como ésta fueron las que comenzaron a construir no sólo el Estado laico del que ahora gozamos y que parece tener la necesidad de ser defendido recurrentemente, sino el Estado mismo, como símbolo de orden y de poder político, no para la sumisión sino para dar estructura.

Y tenemos que citar a hombres visionarios como Miguel Lerdo de Tejada, quienes no tuvieron duda de que la construcción de un Estado en esta parte del mundo que hoy llamamos México sólo era posible si éste se desvinculaba del corporativismo religioso, si se subordinaba el apetito político personal al interés superior de una sociedad que surgía como una nación.

Había que cambiar, en 1856 apenas habían transcurrido 46 años de que la Iglesia sufriera con el movimiento de Independencia, que disminuyó su poder e influencia. Era lógico que la reacción de rechazo a una nueva embestida civil no se hiciera esperar y diera lugar un año más tarde al inicio de la Guerra de Reforma. Esta separación es uno de los hitos en la construcción del Estado Mexicano, por la cual había abogado tanto José María Luis Mora y de la que ya no pudo ser testigo porque murió en 1850.

Al hablar de aquellos grandes hombres tenemos que recordar que hace pocos días también, conmemoramos 147 años de la muerte de Manuel Doblado, otro personaje al que se le recuerda poco o nada por la indigna visión de un sistema educativo que privilegia la memorización -con fuerte dosis de idealización- de sólo algunos nombres de los forjadores de nuestra historia y esto frecuentemente fuera de contexto.

Tenemos que ser justos, Manuel Doblado fue otro de los ideólogos de la Reforma y participante de la Guerra del mismo nombre. El general Doblado fue maestro y abogado, colaborador de Juárez, quien fue, sí, el gran defensor y de algún modo creador del Estado mexicano moderno, pero gracias a la colaboración de una generación de estadistas que le acompañaron y que compartían su ideario.

Además recordemos que Manuel Doblado se opuso con bravura e inteligencia al Tratado Guadalupe-Hidalgo, por el que México cedió a Estados Unidos más de la mitad de su territorio. El nombre formal de ese acuerdo fue “Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América”, y lo bueno es que fue amistoso, pues de otra manera nos hubiéramos quedado sin país y todos, al igual que en Filipinas, seríamos angloparlantes con nombres hispanos.

Lamentablemente para nosotros, la figura y peso político de Santa Anna contenían las inconformidades del derrotado, pero en el caso del general Manuel Doblado éste mantuvo su oposición y fue promotor del Plan de Ayutla, cuyo propósito era precisamente desconocer al xalapeño 11 veces Presidente de México cuyo extravagante nombre completo era Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón. Más tarde, Doblado formaría parte del gabinete de Benito Juárez, a quien acompañó en su salida del país.

Rescatar el legado de los hombres que hicieron patria debe ser obligado para todos los mexicanos, recordemos que a inicios de este mes de junio también se cumplieron 156 años de la muerte de Melchor Ocampo, otro juarista destacado, asesinado en Tepeji del Río por las fuerzas conservadoras del general Leonardo Márquez. Melchor Ocampo fue ministro de Gobernación de Benito Juárez y coautor de las Leyes de Reforma. De un modo injusto se le recuerda poco gratamente por la epístola que durante muchos años fue leída a las parejas que contraían matrimonio y que a la luz de la perspectiva de género se considera denigrante para las mujeres.

Nada más cierto que eso, la famosa epístola tenía un enfoque machista propio de la mentalidad prevaleciente hacia finales del siglo XIX. Pero la “Ley de Matrimonio Civil”, en cuyo capítulo 15 se incluye tal homilía, formaba parte de una nueva forma de concebir al Estado durante la administración juarista, que daba certeza jurídica a la población en los actos primordiales de la vida, como el nacimiento, la muerte y el matrimonio.

Actos significativos dieron pauta para la nueva era, con la instauración del Registro Civil se desplazó a la Iglesia de la tarea de celebrar (y de cobrar) los actos de devoción como el bautizo, el matrimonio y la extremaunción y se inauguró la ciudadanía. Cada persona fue reconocida formalmente por una institución cuando nacía, cuando moría, cuando decidía contraer matrimonio o deshacer este vínculo. Así, la epístola, tan vilipendiada en sus últimos años, fue un hecho innovador cuando fue concebida.

Tan solo una nuestra de héroes, estadistas, ideólogos, estos hombres del juarismo fueron constructores del país que hoy disfrutamos, pero, lo digo con dolor, muchos mexicanos sólo identifican con nombres de calles, avenidas y colonias y no con los enormes espíritus, desprendidos, generosos y visionarios que fueron. Gracias a ellos hoy tenemos un  país, pero los hemos olvidado.

¿Hoy que nos dejan los nuevos candidatos, los nuevos gobernantes, los actuales funcionarios? Nada o menos que nada, hasta la oposición se queda corta, ya no hay líderes como antes, lamentablemente.

Por eso les recuerdo a los que hoy anhelan la cúspide del poder político, quienes hoy buscan con afán colocarse en la conducción de la nación, harían bien en proponer un acto de justicia histórica que los recupere de la desmemoria en que los hemos arrinconado para nuestra desfortuna.

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