Bradbury y su peligroso pronóstico futurista

Por Pedro Venegas

 “Un día en la estación de bomberos, los bomberos reciben una llamada que una anciana ha guardado libros en su casa. Los bomberos corren hacia su casa y comienzan a destruir el contrabando. Montag le pide a la mujer que salga de la casa porque toda la casa será destruida, pero ella se niega a dejar sus preciosos libros. La casa, junto con la anciana y sus libros, está en llamas, pero no antes de que Montag se robe uno de los libros (la Biblia)”.

Este es uno de los fragmentos medulares del libro futurista de Ray Bradbury titulado Fahrenheit 451. El mensaje de la obra es directo y claro: leer significa pensar y pensar te hace infeliz, por ello no debes pensar.

Brevemente explicaré que la trama de este libro gira en torno a Guy Montag, un bombero encargado de quemar los libros por orden del gobierno. Un día conoce a Clarisse McClellan una chica que vive al lado de su casa, esta le hace reflexionar acerca de si es feliz o no, confuso y ya con dudas sobre si los libros son buenos o no, decide robar uno cuando van a quemar una casa. Días más tarde Clarisse desaparece.

En Fahrenheit 451, los bomberos no apagan incendios, por el contrario, los provocan cada vez que ubican un cúmulo de libros o bibliotecas enteras, el objetivo es destruir los libros en busca de un mundo feliz y que los ciudadanos dejen de pensar.

El nombre del libro hace referencia a la temperatura en la escala de Fahrenheit a la que el papel de los libros se inflama y arde, equivalente a 232,ºC. La película homónima basada en esta obra fue realizada en 1966 y dirigida por François Truffaut.

Para aclarar las cosas, Fahrenheit 451 es una novela distópica (que es la representación imaginaria de una sociedad ficticia e indeseable en sí misma con características negativas), publicada en 1953. A Bradbury se le destaca porque fue un escritor de misterio, del género fantástico, terror y ciencia ficción.

Dentro de su trama, después de unos días leyendo Montang estaba buscando a alguien que le guiase en cuanto al tema de los libros, su contenido y su poder, recordó que hace un año estuvo hablando con un hombre que sabía del tema, el profesor Faber, este le dio su dirección y Montag aún la guardaba, fue a su casa (con la Biblia) y habló con él.

Poco a poco la situación se volvió intolerable, comenzaron a salir más casas con libros, los helicópteros del gobierno comenzaron a bombardear la ciudad, Montag decide huir a casa de Faber, la situación se había salido de control, deciden quedar de verse en el río cercano a la ciudad. Al llegar se encuentra con unos antiguos profesores y su ‘líder’ Granger, quienes buscan difundir sus conocimientos, y le explica que cada uno ha memorizado un texto de un libro para compartirlo, lo que, sin saber, es el comienzo de una nueva vida, de un mundo mejor…

El mensaje de Fahrenheit 451 es reflexivo y semejante a otros libros tales como:

  • Un mundo feliz
  • 1984
  • Quema de libros
  • Censura
  • Libertad de expresión

Ray Douglas Bradbury, el escritor de este texto, nació en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920, hijo de Leonard Spaulding Bradbury y de Esther Moberg. Su familia fue nómada durante mucho tiempo, se mudó varias veces desde su lugar de origen hasta establecerse finalmente en Los Ángeles, California, en 1934.

El creador Fahrenheit 451 fue un ávido lector durante toda su juventud, de hecho podemos compararlo con Henry Miller (escritor autodidacta creador del libro Trópico de Cáncer) quien se hizo escritor sin ni siquiera saber leer.

De mente inquieta, Bradbury en mucho adapta sus conocimientos a través de la lectura a la imaginación, pero su entelequia va más allá de lo que puede percibir con la vista y su mente vuela hacia lo desconocido.

Se graduó en Los Angeles High School en 1938, pero no pudo asistir a la universidad por razones económicas. Para ganarse la vida, comenzó a vender periódicos de 1938 a 1942.

Su inquietante deseo de saber y escribir lo hace formarse de manera autodidacta,  pasando la mayor parte de su tiempo en la biblioteca pública leyendo libros y, en ese momento nacen sus primeras obras: cuentos de diversos temas.

Sus trabajos iniciales los vendió a revistas con mucho éxito a comienzos de 1940, algunos de estos fueron compilados en Dark Carnival  (muy famosa colección en ese tiempo) en 1947. Finalmente, en California,  continuó su producción hasta su muerte.

Escribió cuentos y novelas de diversos géneros, desde el policial hasta el realista y costumbrista, pero se le conoce como un escritor clásico de la ciencia ficción por Crónicas marcianas (1950), obra que cuenta sobre los seis primeros viajes hacia Marte  y su posterior colonización.

Además trabajó como argumentista y guionista  en numerosas películas y series de televisión, entre las que cabe destacar su colaboración con John Huston,  en la adaptación de Moby Dick, para la película basada en el libro del mismo nombre y que este dirigió en 1956. También escribió poemas y ensayos.

En 1947, se casó con Marguerite McClure, con quien tuvo cuatro hijas, Bettina, Alexandra, Susan y Ramona.

Con aspecto de científico desalineado (o loco), murió en Los Ángeles, California, el 5 de junio de 2012, a la edad de 91 años. A petición suya, su lápida funeraria, en el Cementerio Westwood Village Memorial Park, lleva el  epitafio: “Autor de Fahrenheit 451”.

A pesar de que a Bradbury se le conoce como escritor de ciencia ficción, él mismo declaró que no era escritor de ciencia ficción sino de fantasía y que su única novela de ciencia ficción es Fahrenheit 451.

“En mis obras no he tratado de hacer predicciones acerca del futuro, sino avisos. Es curioso, en mi país cada vez que surgía un problema de censura salía a relucir como paradigma de la libertad Fahrenheit 451. Los intelectuales, ya sean de derechas o de izquierdas, siempre tienen miedo a lo fantástico porque les parece tan real ese mundo que creen que estás intentando engañar y, evidentemente, así es. (…) Vivimos en un mundo que nos absorbe con sus normas, con sus reglas y la burocracia, que no sirve para nada. Hay que tener mucho cuidado con los intelectuales y los psicólogos, que te intentan decir lo que tienes que leer y lo que no”, confesó Bradbury en una entrevista.

Otras novelas de su autoría:

Fahrenheit 451 (1953); El vino del estío (1957); La feria de las tinieblas (1962); El árbol de las brujas (1972); La muerte es un asunto solitario (1985), entre otros.

Bradbury se consideraba a sí mismo como “un narrador de cuentos con propósitos morales”. Sus obras a menudo producen en el lector una angustia metafísica, desconcertante, ya que reflejan la convicción del autor de que el destino de la humanidad es recorrer espacios infinitos y padecer sufrimientos agobiantes.

Dice un refrán que “No hay libro tan malo del que no obtengas algo bueno” y éste, el que hoy nos ocupa, tiene un mensaje muy reflexivo que lo hace ser más bueno que malo. ¿Serán los libros tan malos que nos motiven a ser infelices como se dicen en Fahrenheit 451? ¿Acaso la libertad de escribir y de leer no nos hace libres? Para mi Bradbury no se equivoca y nos hace pensar en la posibilidad de un peligroso futuro no tan lejano, tenemos que mantenernos alerta.   

Be the first to comment

Leave a Reply

UA-49372209-1