El algodón y la búsqueda de un mejor futuro

 Por Pedro Venegas

 La siembra en nuestro país requiere de muchos factores, se debe conocer el tipo de tierra, la forma de riego, el clima, saber arar el campo y obviamente concluir con un buen sembrado.

Para el cultivo del algodón, este de debe realiza a cielo abierto y requiere de cuatro a cinco meses de temperaturas altas y constantes durante el crecimiento. Como detalle peculiar, el algodón depende mucho de la luminosidad, especialmente durante los períodos de crecimiento inicial y floración.

Pocos saben que las deficiencias de luz afectan la maduración y apertura de los frutos (bellotas) de donde se desarrollan las fibras.

Como parte de la complejidad para sembrarlo, diremos que durante su desarrollo en campo, el algodón ha estado expuesto a problemas, principalmente al ataque de plagas de insectos como el gusano rosado, el picudo o un grupo llamado belloteros y, asimismo, a una competencia por malezas agresivas, que en conjunto merman gravemente la cantidad y calidad tanto de las semillas, como de la fibra que tienen asociada.

Esta situación deriva en su costo debido a que todo lo anteriormente expuesto ocasiona que los agricultores hayan invertido cada vez más en productos para la protección del cultivo (plaguicidas), elevando de manera importante los costos de producción.

Además, un factor delicado es que la aplicación de dichos productos impactaba notablemente en el medio ambiente y en la salud de los trabajadores del campo, la leucemia por ejemplo.

A mediados del Siglo XX, es decir, el Siglo pasado, en la Comarca Lagunera, llegaron a hacerse más de 12 aplicaciones de insecticidas por temporada, y a pesar de ello, se registraban importantes pérdidas, por lo que los agricultores allí y en otras zonas, dejaron de sembrar algodón, destinando sus tierras a otros cultivos más rentables, lo que incrementó la dependencia por las importaciones del algodón que utilizamos y obvio el costo creció.

Como era lógico, la búsqueda de soluciones adecuadas para mejorar el cultivo del algodonero se ha basado en la mejora de prácticas agrícolas, el mejoramiento genético convencional y recientemente, en el desarrollo de variedades genéticamente modificadas (GM o transgénicas) para ampliar las estrategias de control de insectos y malezas. Por ello, el acogimiento del algodón transgénico (genéticamente modificado o GM) en el mundo.

En tales circunstancias, desde hace más de 21 años se comercializan variedades GM que permiten a las plantas:

1)   Evitar los daños por determinadas plagas (algodón Bt o RI) y 2) tolerante a la aplicación de herbicidas específicos, como el glifosato1 , (es decir, tolerante o TH), que optimiza el control químico de malezas.

2)   Las estadísticas globales indican claramente que, en las variedades transgénicas, estas características —en forma separada o conjunta—, protegen la calidad y productividad del cultivo al disminuir las pérdidas y los costos; han reducido notablemente el uso de insecticidas sintéticos y han aportado ventajas de tipo socia.

¿Cuál fue el resultado de estas medidas? ¿Cuál es la base científica de las variedades transgénicas de algodón? Que volvimos a enrolarnos en la producción de algodón. Muchas características de vigor, calidad y defensa en los cultivos como el algodón, se han ido incorporando a través de programas de cruzamiento y selección que, en muchos casos, son costosos, dilatados y limitados.

Para ser precisos, la posibilidad de incorporar ciertos atributos funcionales de forma más rápida precisa y segura inició en 1996, cuando se sembró con fines comerciales el algodón Bt (o GM-RI) resistente al ataque de algunos gusanos plaga del algodón. Esta característica se obtuvo a partir de los genes de un microorganismo común (Bacillus thuringiensis) que es capaz de eliminar a varias plagas del algodón y otros cultivos, a través de proteínas bioinsecticidas denominadas “Cry”, que estas bacterias producen naturalmente en forma de cristales.

En ese mismo año, previo a diversas evaluaciones regulatorias, sanitarias y ambientales, en 1996 el algodón Bt comenzó a utilizarse en diversos países incluyendo México; desde hace varios años se ha confirmado, en laboratorio y campo, la ausencia de afectaciones a insectos benéficos (catarinas, abejas, crisopas, etc.), así como a otros invertebrados y mamíferos.

Había que desarrollar una estrategia de cuidado y reforzar la sustentabilidad. Para ser claros en este sentido, tenemos que explicar que la sustentabilidad es en realidad un proceso que tiene por objetivo encontrar el equilibrio entre el medio ambiente y el uso de los recursos naturales. Por ello, también se establecieron el uso de estrategias de refugios y monitoreo de susceptibilidad para reducir al máximo la posibilidad del desarrollo de resistencia de las plagas.

También, pensando en todo, se han desarrollado variedades capaces de tolerar el efecto de herbicidas a base de glifosato. ¿Para qué usar este herbicida? Todos los vegetales tienen un tipo de enzima que participa directamente en la producción de ciertos componentes esenciales de las proteínas, la cual es inactivada por el glifosato. Si esta enzima no funciona hay fallas del metabolismo, las plantas se marchitan y mueren; por su parte los organismos animales no poseen.

Otra opción resultó a finales de los noventas, cuando se introdujeron variedades con genes apilados (es decir, stacks), que conjuntan la resistencia a insectos y la tolerancia a herbicidas (RI+TH), con al menos dos formas de acción cada una. En México se han usado crecientemente ambos tipos, llegando a cultivarse en más de 100,000 ha con un porcentaje elevado de adopción de esa enzima y por esto no son afectados.

Para entonces, el algodón GM-TH producía adicionalmente otra enzima similar pero que es insensible, aprovechando la transferencia de un gen desde otro tipo de bacteria. De este modo, es posible hacer un control químico de las malezas durante el período de crecimiento más vulnerable de las plantas de algodonero, ya que después de las aplicaciones de formulaciones con glifosato, éstas continúan creciendo bien sobre el rastrojo de la maleza.

Para ser claros, entre los beneficios agronómicos del algodón transgénico están: Mayor espectro de control de insectos lepidópteros (palomillas en su fase de oruga) Uso racional de insecticidas. Menor impacto en las poblaciones de insectos benéficos y otros organismos no objetivo.

Además, debemos tomar en cuenta que contribuye a reducir la contaminación del suelo y mantos freáticos al reducir el uso de plaguicidas. Mayor flexibilidad en el control de malezas con respecto a las prácticas de control de malezas en el algodón convencional.

Asimismo, reducción de labores manuales. Reducción de aplicaciones de herbicidas que requieren equipo especial para su manejo. Compatibilidad con prácticas de manejo integrado de plagas (MIP) y técnicas de conservación de suelo como agricultura de conservación.

En otro aspecto, adicionalmente cuenta con beneficios económicos globales del algodón transgénico. Los principales países productores de algodón en el mundo siembran actualmente variedades transgénicas debido a los notables beneficios que ello les significa, particularmente el económico. Los costos de producción han disminuido debido a la menor aplicación de productos de protección de cultivos, y a que abate el porcentaje de pérdidas.

Según el reporte 2017 de PG Economics —una importante consultora en economía agrícola, con sede en el Reino Unido—, a nivel mundial los ingresos de los agricultores que sembraron algodón GM resistente al ataque de insectos-plaga fue de más de 3 mil millones de dólares (60 mil millones de pesos aproximadamente) tan solo en el 2015.

Junto con ello, en el periodo comprendido entre 1996-2015, el beneficio del ingreso agrícola fue de más de $50,000,000,000 (cincuenta mil millones) de dólares. El 81% de estos ingresos correspondió a mejores rendimientos, resultado de menores pérdidas por ataque de plagas y el 19% restante, derivado de la reducción de los costos de producción, particularmente en insumos para la protección de los cultivos.

Hablando directamente sobre México, ya con un éxito importante desde hace 21 años, en nuestro país aún existe un claro potencial y varias restricciones resolubles. En los años 50, en México, el rendimiento del cultivo de algodón convencional era de media tonelada por hectárea, mientras que, en el 2016, gracias a la utilización de variedades de algodón transgénico, el rendimiento en promedio fue de cerca de 8 toneladas por hectárea.

Por todo esto, es necesario resaltar que el uso de la biotecnología moderna ha sido esencial para nuestro país, debido a la severa crisis en la industria algodonera que hizo que prácticamente despareciera la producción a principios de los años 90; el cultivo había dejado de ser rentable para los agricultores en muchas regiones, como consecuencia de que las plantas enfrentaban una infestación fuerte de plagas de insectos (daños en calidad y rendimiento); se tenía que invertir mucho en plaguicidas (elevación de costos) y en algunos casos, de todos modos, se perdía la cosecha.

Y es así como en 1996 la historia cambió radicalmente: el gobierno mexicano autorizó la siembra de una variedad de algodón transgénico para disponer de una defensa efectiva contra las plagas del cultivo (gusano rosado, belloteros, principalmente). Los agricultores reportan que con las variedades de algodón GM, pasaron de hacer 13 aplicaciones de insecticida por temporada, a solo 1 o 2 de ellas.

Cada paso que se dio fue de vital importancia. El rescate del cultivo, junto al ahorro en recursos y horas de trabajo fueron factores decisivos. Hasta la fecha se siguen expidiendo permisos, pero la fluidez de los procesos regulatorios no se ha alcanzado. No obstante, los beneficios saltan a la vista.

El primero fue notado en los bolsillos de los agricultores mexicanos ya que el costo de producir algodón bajó significativamente. En el reporte de PG Economics, se estima que los ingresos acumulados que recibieron los agricultores de nuestro país, entre el 2000 y el 2016 suman poco más de 9 mil millones de pesos (alrededor de 500 millones de dólares).

Por otra parte, informes del Sistema Producto Algodón de México indican que, en el 2016, en México se sembraron 126 mil hectáreas con algodón GM y que la producción promedio fue de 7.9 toneladas por hectárea.

Se logró el propósito, estas variedades han tenido tan buenos resultados, que el 96% del algodón que se siembra en nuestro país es transgénico; además esta actividad ha generado cerca de 8 mil empleos, beneficiando a 114 mil personas. Los principales estados productores de algodón en el 2016 fueron Chihuahua, con el 68% de la producción total nacional, seguido de Baja California, donde se produjo el 16% y en la Comarca Lagunera (Coahuila y Durango), un 10% de la producción nacional.

Gracias a la ciencia y con la ayuda de la biotecnología agrícola, México ha erradicado una de las principales plagas del algodón. El 3 de febrero de 2016, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), otorgó reconocimiento oficial de zona libre del gusano rosado del algodón a los estados de Baja California y Sonora. La erradicación del gusano rosado y el gusano bellotero fue iniciada por SAGARPA en colaboración con el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA).

En este programa, se llevaron a cabo acciones de control para erradicar con éxito estas plagas, utilizando el manejo integrado de control de plagas, que incluyó la utilización de semillas de algodón transgénico, así como aplicando la técnica del insecto estéril y la interrupción de apareamiento de los insectos usando feromonas.

Como resultado de estas acciones, el 85% de la zona productora de algodón de México está libre de infestaciones del gusano rosado y el 70 por ciento está libre del picudo del algodón. Aunque hay otros factores que afectan a la industria, con las variedades GM, prácticamente se han librado de las plagas que provocaron la caída de la industria algodonera mexicana a fines del siglo pasado.

Recordemos la importancia del algodón en la industria, los principales derivados del algodón son: el aceite, la pólvora, el papel moneda, las fibras textiles, el jabón, la celulosa para fabricar cosméticos, el combustible para cohetes, balsas salvavidas, neumáticos de automóviles y las cintas transportadoras, entre otros.

La industria algodonera es de vital importancia para nuestro país, es más, para todos los países ya que sus derivados forman parte de la vida cotidiana de cualquier ser humano y ya sea para importación o exportación, un recurso fundamental en la economía, por ello, cuidemos el algodón y veamos por su futuro.

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