El populismo, un peligro inminente

 Por Pedro Venegas

Decía un político de la vieja guardia que en la política “todo era mentira”, el detalle estaba en la forma de decir las cosas. Decirle a la gente lo que quiere escuchar para obtener su aprobación, su voto o su apoyo a riesgo de no cumplir con lo prometido puede parecer más que cínico, hipócrita o engañoso, una farsa perversa y maquiavélica.

¿Qué es el populismo? ¿Cómo funciona? ¿Qué resultados ha tenido en otros países? Comenzaremos por decir que el diccionario define al populismo como “la tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo”, sin embargo, la realidad nos muestra otra cosa.

Un gobierno populista es una forma política que sostiene la importancia de la persona común sobre las élites o por lo menos eso aparenta. Pero en qué momento el ciudadano de a pie queda con un cargo público de alto nivel o como diputado o senador, muy pocos la verdad. Este puede ser democrático o autoritario, bueno en México sólo conocemos el segundo. El término “populismo” comenzó a emplearse en el siglo XIX.

La grilla o política ramplona ejemplifica los modelos populistas y asistencialistas que fomentan el clientelismo ¿y que es el clientelismo? Es la tendencia a favorecer, sin la debida justificación, a determinadas personas, organizaciones, partidos políticos, etc., para lograr su apoyo. ¿Les suena familiar? Claro, lo hemos visto todos los días en nuestro país.

El asistencialismo está concebido como instrumento del clientelismo, para atar a parte de la población al Gobierno y asegurar mayorías populistas, es decir, tener de su lado al pópulo mexicano.

Los ejemplos que tenemos en el mundo son irrefutables e históricos. Adolfo Hitler encontró a una Alemania carente de muchas cosas, inmersa en la miseria y el hambre. Y en su discurso ofreció un paraíso que los alemanes aceptaron. Y todos conocemos los resultados de su gobierno.

En nuestros días el ejemplo más tangible es “El chavismo” en Venezuela ya que acabó con la democracia y las instituciones; los venezolanos se dejaron engañar por un discurso bonito, lleno de seducción, engaño y de mentira. Hicieron de los Estados Unidos el enemigo a vencer y se arroparon de aquellos que pensaban igual o semejante.

En el populismo se recurre mucho a decirle a la gente lo que quiere escuchar: “te voy a regalar dinero”, “te voy a mantener”,  “te voy a dar comida”, “acabaré con la corrupción”, “te voy a dar casa y coche”, etcétera.

Alberto Fujimori, Evo Morales, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Vicente Fox (este último dentro de los ejemplos mexicanos) y el presidente filipino Rodrigo Duterte son algunos gobernantes que han sido considerados populistas en algún momento de su quehacer político, que ofrecieron, prometieron y no pudieron cumplir. Algunos fueron acusados de corrupción y hasta encarcelados, pero otros no tu vieron la más mínima idea de cómo cumplir con sus promesas y llevaron a su pueblo, a su país entero, al peor de los desastres.

Otro ejemplo que no puede faltar es el de Luiz Inácio Lula da Silva, quien intentó en varias ocasiones alcanzar el poder y que cuando lo consiguió en 2002 y nuevamente en el 2006, a través de sus ideas populistas, fue acusado de corrupción y hoy se encuentra preso en un centro de reclusión en Curitiba, Brasil, sentenciado a 12 años de prisión.

Son notorias las propuestas para salir al paso de los populistas, ofrecen soluciones simples sin reflexionar, le dan dinero a los viejitos y desvían recursos destinados para otras obras que se dejan de hacer, es decir, hacen un hoyo para tapar otro.

Investigadores y diputados venezolanos han dado cuenta de los hechos de su país, dicen que tan solo le costó al populismo 20 años para derrocar a Venezuela de la mano de Hugo Chávez en el pasado y hoy de Nicolás Maduro.

Para entender las consecuencias, dijeron, debemos explicar el inicio de los hechos. Hugo Rafael Chávez Frías fue un político y militar venezolano, presidente de la República Bolivariana de Venezuela desde el 2 de febrero de 1999 hasta su fallecimiento en 2013, de no haber muerto seguramente seguiría en el poder ya que a los populistas les gusta perpetuarse en el gobierno.

Al final de la presidencia de Chávez, en la década de 2010, la economía del país empezó a titubear, mientras que la pobreza, ​ la inflación y la escasez se incrementaron, lo que sus críticos achacaron a las acciones económicas de su gobierno en años anteriores, como los controles de precios  y el gasto “excesivo e insostenible”. Todo esto ya pronosticaba las consecuencias que vendrían con Nicolás Maduro, esbirro de Chávez.

Explicaron que al morir Chávez, Nicolás Maduro Moros asumió tres días después la jefatura de Estado y de Gobierno como “presidente encargado de Venezuela” (hecho que no debió suceder según la ley) hasta la celebración de elecciones presidenciales. Su permanencia en el poder ha sido como consecuencia de triquiñuelas y de su imagen populista heredada de Chávez. Incluso, “habla con pajaritos”.

Agregaron que la población está desesperada, con hambre y pasándola mal, por la grave carestía, por la hiperinflación de 15 mil por ciento, donde los precios se duplican cada meshaciendo insoportable la crisis que vive el país sudamericano.

Explican que por lo menos 90 por ciento de la población ha caído en la pobreza extrema, más de medio millón de empresas han cerrado y persiste una profunda crisis de alimentos y desabasto de medicamentos, incluso en algunos medios se habla de que la gente ha recurrido a buscar alimentos en los basureros.

Y todo esto sucede porque el mandatario populista no supo tomar medidas para mantener la inversión extranjera, para hacer crecer el capital para desarrollo y abasto, permitió que creciera la inestabilidad y la incertidumbre, en pocas palabras no supo administrar al país, pero aun así se conservan en el poder, sus ambición es más grande que su pueblo.

El populismo acabó con la democracia pues cuando no hay insumos, comida, desarrollo, empleo y dinero, la capacidad del pueblo de decidir su destino desaparece y las instituciones del país no pueden solventar esta situación; por eso ahora no hay salida para los venezolanos.

Explicaron que 70 por ciento de sus compatriotas prácticamente no comen a diario y sólo tres por ciento puede hacer tres comidas al día, producto de un sistema político donde no existe el Estado de Derecho y fueron incautadas cinco millones de las siete millones de hectáreas productivas.

Peor aún, comentaron, dichas tierras quedaron en manos de militares, que hoy lamentablemente importan todos los alimentos y los venden en Venezuela en tres o cuatro veces el precio que costó en el extranjero.

Estos investigadores y diputados venezolanos advirtieron a los mexicanos a reflexionar su voto y no ser parte de la crítica, sino de la solución, porque en Venezuela se observó hace 20 años una suerte de ingenuidad que hoy también se nota en México.

Por su parte, el diputado venezolano Marco Aurelio Quiñones recordó que en 1998 el populismo sonaba muy bien en Venezuela, pero hoy tiene al país sumido en la miseria, porque todos pensaban que no podían estar peor que en ese momento y hoy se encuentran a merced del sistema totalitarista de Maduro que se ha implantado y mantiene a su población en una situación desesperada.

Comentó que algunas personas le preguntan por qué los venezolanos no se rebelan, a lo que respondió que “cuando el ruido del estómago es más fuerte que el de la conciencia, no puede darse esa situación”.

La corrosión del populismo ha afectado muchos de los sectores que sostienen al país. La producción de petróleo, por ejemplo, cayó en abril hasta mil 436 millones de barriles diarios, 41 mil 700 barriles al día menos que el bombeo de marzo, revelan datos publicados en Viena, por la OPEP.

La caída de las extracciones venezolanas supera ya 31 por ciento respecto a agosto del año pasado, cuando su nivel era de 2.1 millones de barriles de petróleo diarios, y roza 49 por ciento, si se compara con los 2.65 millones de barriles de petróleo diarios de 2015.

También la escasez de alimentos se agudiza. La empresa estadounidense Kellogg´s ha cerrado sus puertas tras 57 años de operaciones en Venezuela sin previo aviso, bajo amenazas del presidente Nicolás Maduro de demandar un “código rojo” contra sus dueños y accionistas por la medida.

Había que actuar rápido y el factor sorpresa era muy importante. La decisión de la empresa de cereales sorprendió incluso a sus propios trabajadores. De acuerdo a su comunicado: “Informamos que Alimentos Kellog´s de Venezuela se ha visto forzada a cesar sus operaciones en el país con efectos a partir del martes 15 de mayo de 2018”, señaló el texto.

Tristemente todo se desmorona con el populismo. En 1961 Kellogg’s inauguró su planta en Venezuela ubicada en Maracay, estado Aragua, emplea actualmente a más de 550 personas y produce 75 por ciento de los cereales listos para comer que se comercializan en el país. Venezuela, después de México, es el segundo mercado más importante en América Latina para Kellogg y sus marcas: Choco Krispis, Pops, Corn Flakes, Müsli, Nutri-Grain y Zucaritas.

Todo se ha vuelto una cadena de deserciones. La cerealera ha seguido los pasos de otras multinacionales como Clorox, Kimberly Clark y General Motors que han abandonado el país en los últimos años de manera similar, agobiados por la recesión que persiste por cinco años y la primera hiperinflación que vive Venezuela.

Y la decadencia sigue y sigue. Otras multinacionales como Coca-Cola y Colgate, también han cesado temporalmente o recortado sus operaciones.

La cereza en el pastel de Venezuela fueron las recientes elecciones donde Nicolás Maduro se reeligió por segunda ocasión, obvio el proceso fue hecho a modo y ante la vista de un pueblo sometido y con el desconocimiento de las elecciones por parte de varios países entre los que se encuentra México, volvió Maduro a quedar en el poder. Ese es otro de los peligros, los populistas buscan siempre conservar el dominio, por ello es que derrocan naciones enteras.

Puedo imaginar un futuro para México con un presidente populista, desconocedor de la administración pública, con soluciones a los problemas del país sin lógica ni conocimiento, viviendo en el pasado, ajeno a la tecnología de punta, necio, obsesivo, capaz de realizar movimientos civiles de rebeldía con fatales consecuencias como ya lo hizo en el pasado.

No me gustaría caer en la comparación ni decir que México podría convertirse en una Venezuela, lo que si deseo es advertir a todos los mexicanos para que reflexionen su voto y no caigan en la trampa de la rumorología, nadie la tiene segura, la decisión es de nosotros y ojalá sea para bien.

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