Germán Madrazo, un rey sin corona

“Fue un día mágico, duro.

Hubo convergencia de muchas cosas, pero al final fue un día maravilloso.

Dios quiso que así fuera para enriquecer ese mensaje de ‘sí se puede’”.

Germán Madrazo

Por Pedro Venegas

Aguanta la respiración y el equilibrio, soporta el frío, aprieta con los puños los bastones y en una inclinación casi en cuclillas se adhiere con fuerza a los esquíes, mira hacia abajo la gran pendiente, tan larga y tan ancha, tan blanca que refleja los rayos de del sol, son 15 kilómetros del Cross Country, con estilo libre, su trayecto es a toda velocidad, la recorre con la esperanza de hacer el menor tiempo posible, su traje de licra tricolor (verde, blanco y rojo) parecía gritarle a todos “miren, soy mexicano”, es uno de los cuatro connacionales que participaron en la olimpiada de invierno de este año, su nombre, Germán Madrazo, su apodo “El Guerrero Azteca”.

¿Qué lo llevó a ese lugar y a ese momento? La respuesta era simple, la inspiradora historia de un peruano que compitió en los Juegos Olímpicos de Invierno y que a pesar de todas las inclemencias pudo realizar su sueño.

Al triatleta mexicano, competidor en varias ocasiones en la prueba de Ironman, con 43 años a cuestas, muchos años más que los de sus compañeros y competidores, padre de trillizos (dos niñas y un niño) y un negocio que atender, con poco dinero, pudo más su voluntad que todo lo que se oponía a ella, Pyeongchang 2018, Corea del Sur, fue el objetivo y se cumplió a pesar de llegar en último lugar, es decir, en el lugar 116 (de los 118 competidores, dos de ellos abandonaron la competencia) con un tiempo de 59:35:4 minutos.

En una estampa que quedará como una de las más emotivas de estos juegos, fotos en todos los rotativos, y más en los diarios mexicanos, con Madrazo en hombros de sus competidores, sonriente, elevando la bandera mexicana.

Pero todo fue inspiración de Roberto Carcelén, primer peruano en los Juegos Olímpicos, quien compitió en Vancouver 2010 y tuvo la hazaña de llegar a la meta con dos costillas rotas y en condiciones críticas, igual que el mexicano en esta ocasión,  se ganó el corazón de todos.

A través de la Internet Madrazo contactó a  Carcelén y le solicitó ayuda, en respuesta le recomendó a su entrenador en los Estados Unidos, sin embargo, éste le contestó que no tenía tiempo para entrenarlo pero si lo acompañaba manejando 6000 kilómetros de Michigan a Utah en el camino le diría como se hace para esquiar. Tomó el avión de Tamaulipas para Michigan, después de sufrir un robo y con el temor de que su familia estuviera bien ante la inseguridad que hay en su tierra natal, y además la incertidumbre por no saber si el instructor iría por él al aeropuerto. Así comenzó la aventura.

En cada lugar donde había pistas para esquiar, el entrenador cumplió su palabra y fue preparando a su alumno, sin embargo, faltaba algo muy importante porque una cosa era “saber esquiar” y la otra tener el pase para las Olimpiadas.

Así, Madrazo compitió primero con esquíes con ruedas  para acumular puntos para clasificar, luego lo hizo en nieve, en estos encuentros conoció al chileno Yonathan Fernández y a Pita Taufatofua, el tongano que había desfilado con el torso desnudo en la inauguración de Río de Janeiro, Brasil, 2016. Entre los tres fueron dándose ánimo.

Hubo un día en que se quedaron sin dinero, les quedaba sólo una barra de chocolate, se la rolaron hasta que quedo un pedacito, Pita se la dio a Madrazo y le dijo “lucha otro día hermano”.

Germán Madrazo nos demostró que ganar no siempre es lo más importante en los Olímpicos de Invierno. Festejó como un héroe y lo cargaron en hombros sus propios contendientes, mientras él agitaba la bandera mexicana. El motivo de ese recibimiento es muy simple, fue la primera participación de Madrazo en Juegos Olímpicos y hasta hace un año él no sabía nada de esquíes, nieve, frío y pendientes.

“Lo que yo quiero que mis compatriotas sepan es que no importa si tienes 43 años, si naciste en México o si no tiene dinero para participar en un deporte, si quieres hacerlo puedes hacerlo”, afirmó Madrazo ante los medios.

Esta es la edición XXIII de los Juegos Olímpicos y contó con la participación de cuatro mexicanos: Sarah Schleper, Germán Madrazo, Roberto Franco y Rodolfo Dickson. Ninguno pudo llegar al pódium pero quedaron como triunfadores ante nuestros ojos.

La pureza de sentimientos de los competidores mundiales se vio reflejada al llegar a la meta, lugar donde el ganador de la prueba, el suizo Dario Cologna; el marroquí Samir Azzimani, el colombiano Sebastián Uprimny, y el abanderado de Tonga, Pita Taufatofua (quien terminó en el sitio 114), quienes levantaron en hombros a Madrazo ante su esfuerzo.

“Empujamos hasta llegar al final y, cuando llegamos, la vida me tenía reservada esta sorpresa con la bandera y los amigos que me cargaron”, expresó el mexicano, de 43 años.

Le falta una competencia el 22 de febrero, de la cual todos estamos expectantes, queremos ver qué más puede hacer nuestro mexicano. Por su parte, Germán Madrazo ofreció su esfuerzo, su participación, su competencia a sus trillizos, les dijo que es un mensaje de vida para ellos, que el día que sientan que ya no pueden con algo “que se acuerden de su viejo y que se acuerden que si se puede”.

 

 

Imagen tomada del sitio lanacion.com.ar

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