La 4ª Compañía y  la sombría historia de Los Perros de Santa Martha Acatitla

 Por Pedro Venegas

Era tan fuerte el olor a sangre que hasta daban nauseas, unas ganas inmensas de vomitar, varios cadáveres se encontraban en el piso, molidos a golpes, había que aplicar la norma, que obedezcan, que nadie se salga del huacal, eran las reglas en la Cuarta Compañía del penal de Santa Martha Acatitla, hace ya varios años de ello.

Esta es una historia de esas en la que la realidad supera a la ficción, donde tuvieron que hacer una película para explicar lo increíble, lo inusitado de la vida, de un escenario que por cruel no se quisiera aceptar como verdadero.

La película La Cuarta Compañía (transmitida en Netflix) recrea las vivencias del equipo de futbol americano del penal de Santa Martha Acatitla (actualmente reclusorio para mujeres), Los Perros, quienes robaban para la policía mexicana en las épocas del ‘Negro’ Durazo.

Algunos años antes, David Joel Kaplan protagonizó en 1971 un espectacular escape que fue llamada la “Fuga del Siglo”. El estadounidense, recluido en el penal de Santa Martha Acatitla, entonces considerado el penal de más alta seguridad del país, fue planeado con precisión milimétrica por su propia hermana. A través de un helicóptero Bell 47 dotado de una turbina sobrealimentada y piloteada por un ex combatiente de Vietnam fue su vehículo a la libertad. El escape también fue recreado en la película.

Pero vayamos a los hechos, en los años 80, Los Perros, el equipo de futbol americano del penal de Santa Martha Acatitla, se jugaba en cada partido algo más que una anotación: mientras mejor les iba a sus miembros en el emparrillado, más privilegios obtenían como parte de un mando alterno dentro del penal, que se encargaba de la seguridad y el tráfico de drogas (marihuana, cocaína, heroína y alcohol), conocido como La Cuarta Compañía.

Lamentablemente, mucho hemos escuchado de Arturo Durazo Moreno, Jefe de la Policía de la Ciudad de México en la época del ex presidente Guillermo López Portillo, y sus anécdotas de terror, corrupción y homicidio y Los Perros fue una de ellas.

De asombro y con el aval de la Policía, los jugadores de fútbol salían cada noche para robar autos (Ford Grand Marquis) que después eran vendidos. Por increíble que parezca, era uno de los negocios de Arturo Durazo, quien estuvo en el poder de 1976 a 1982.  Cuando Los Perros salían de día, asaltaban bancos y el motín iba también a las arcas del “Negro”.

Para fortuna nuestra, los jóvenes cineastas Amir Galván y Vanessa Areola narran esa historia en su ópera prima, La 4ª Compañía, que los llevó de nuevo a la cárcel a filmar; antes, ambos formaron parte del equipo del documental Presunto culpable. Luego retornaron al penal como talleristas de cine para trabajar con los presos, que dos años más tarde serían extras en su primer largometraje.

Al realizar la película en el penal de Santa Martha Acatitla, los realizadores vivieron así una intensa experiencia que les permitió recrear el ambiente de corrupción carcelaria de los 80 y reflexionar acerca del fracaso de los reclusorios en la reinserción social, que son auténticas escuelas del crimen.

Rico en información, el guión se iba reescribiendo, las vivencias iban refinando el contexto, las atmósferas y la recreación de cómo funciona una prisión fueron tan reales, que su éxito no se hizo esperar, se estrenó en el Festival de Guadalajara en 2016 y abrió la primera edición del Festival Mira, de la cadena Cinépolis, en noviembre 2017.

Su realismo fue tan efectivo debido a que los presos que aparecen en pantalla son integrantes de la Compañía de Teatro Penitenciario que trabajaron simultáneamente en talleres de teatro dirigidos por la actriz Itari Marta, con un excelente trabajo.

Para ello, con autorización de la Jefatura de Gobierno, los cineastas filmaron dentro de la cárcel y lograron que la participación de los reos en la cinta fuera trabajo penitenciario remunerado, y que les descontara días de sentencia.

Cabe señalar que los realizadores llaman a su trabajo Cine de Inmersión, en él la denuncia está implícita, aunque hayan pasado ya muchos años y varios de los protagonistas reales ya murieron. En este caso la apuesta fue ser parte de ese universo, conocerlo a fondo, en paralelo a la investigación histórica. El centro de la película es la pérdida de la inocencia, a partir de los ojos de alguien que no es un criminal, pero delinque, y llega a un sistema que lo corroe y lo transforma, como en muchos casos.

Fue un caso de miedo, la mayoría de los miembros de aquella formación deportiva y criminal fueron asesinados, incluso después de lograr su libertad. Y sus muertes en las más crueles circunstancias, baños de sangre interminables. Son hechos históricos comprobados, pero la película en algún momento se separa del hilo conductor y se vuelve una película coral (es un término que se utiliza para definir un tipo de cine en el que se presentan varias historias y personajes cuya conexión tiene lugar en el clímax de la obra), de un grupo que da el panorama sobre esa historia real, una imagen completa del periodo histórico.

Como parte de ese escenario, el 14 de enero de 1981 aparecieron 12 cadáveres en el drenaje profundo de San José Acoculco, en Hidalgo; aparentemente, delincuentes colombianos, mandados masacrar por “El Negro”. Entonces estaba por terminar el periodo de Durazo al frente de la Policía.

La película tiene varias virtudes: la ambientación, el uso de los propios reos para darle más realismo, la secuencia y la fotografía (a la época) fueron bien realizadas. La historia es cruel pero verdadera por ello el objetivo se cumple, informar y escenificar un hecho por demás lamentable y de terribles consecuencias. El equipo de fútbol de los reos, Los Perros, sigue jugando y por el bien de todos, espero que ya no con doble actividad, afuera y adentro de la prisión.

Be the first to comment

Leave a Reply

UA-49372209-1