La cruzada permanente por la paz

 Por Pedro Venegas

Al parecer la inalcanzable paz que todos deseamos difícilmente llegará, sin embargo, los esfuerzos por conquistarla no han sido menos. Este marzo, por ejemplo,  conmemoramos dos momentos únicos en la inacabada cruzada por los derechos civiles en el mundo y la paz para todos: 87 años de la marcha de la sal de Mahatma Gandhi  en 1930 para liberar a la India del yugo colonial y 52 de la marcha de Selma de Martin Luther King en 1965 para dar el voto a los ciudadanos negros en Estados Unidos.

Uno de los grandes, Gandhi (abogado, pensador y político hinduista), arrancó en su áshram de Ahmedabad y peregrinó un mes hasta el Océano Índico para fabricar sal. Este aparentemente trivial gesto fue como un torpedo en la línea de flotación del Raj (el gobierno inglés en la India) que mantenía un férreo control arancelario y de producción sobre un producto esencial para la vida. El ejemplo movilizó a millones.

También Martin Luther King (pastor estadounidense de la Iglesia bautista que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del movimiento por los derechos civiles para los afroestadounidenses ) arrancó en Selma y peregrinó tres días a la capital del estado, Montgomery. Este aparentemente trivial gesto fue como un misil tierra aire en la fortaleza del racismo, que mantenía un férreo control sobre los procesos electorales a favor de los blancos. El modelo movilizó a millones (en aquellos años Alabama era la catedral del racismo con acólitos del Ku Klux Klan y George Wallace en el altar) e impulsó al gobierno de Johnson a promulgar ese mismo año una Ley de Derechos Electorales.

Es notoria la pureza de los actos y la valentía de sus protagonistas. Tenemos mucho que aprender de estos episodios. Juzgados como nimiedades desde el poder, desataron fuerzas sociales que precipitaron cambios que a su vez transformaron el mundo en el que hoy vivimos. Gandhi y King (éste epígono de aquél) epígono es la persona que sigue las tendencias artísticas, filosóficas o científicas de un maestro, supieron insertar en el imaginario colectivo la noción de que el mundo puede cambiar si los individuos tienen determinación y asumen un compromiso.

Los tiempos se transformaron con esos enormes actos a favor de la paz y los derechos humanos. Cuando la marcha de Selma, King ya había recibido el Premio Nobel de la Paz. Y dos años antes había pronunciado desde las escalinatas del Monumento a Lincoln en Washington una de las piezas oratorias más significativas en su movimiento. Hoy sigue inspirando a luchadores en todo el mundo y por ello, con motivo del doble aniversario, la comparto con todos los lectores:

“Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

“Hace 100 años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

“Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, “¿Cuándo quedarán satisfechos?”

“Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que “la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”. Hasta aquí la cita.

La igualdad, la paz, los derechos de los seres humanos, el respeto, los valores, son el motivo incansable de hombres y mujeres que hacen la diferencia, que buscan hacer la diferencia. Gandhi y King demostraron que se puede y que el mundo puede ser diferente si se quiere aunque esto pueda causar sacrificio y dolor, amenazas y muerte.

La respuesta a muchos cuestionamientos quedó en el aire ¿Cuándo seremos verdaderamente libres? ¿Libres de elección y de decisión? ¿Cuándo conquistaremos realmente la paz? ¿Cuándo dejara de haber muerte y sacrificio? ¿Cuándo habrá un respeto absoluto a los derechos humanos? ¿Cuándo en recuerdo de Gandhi y King?

 

 

Imagen tomada del sitio 121cklicks.com

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