La displicente subcultura hípster

Por Pedro Venegas

Todos los días hay tantas cosas que pasan a nuestro alrededor y no nos damos cuenta, situaciones que casi chocan con nosotros y ni siquiera las vemos. Personas, pensamientos, modas, religiones, ideología política y muchas más. Podemos ver jóvenes vestidos de negro que se hacen llamar darketos o cuervos, o tenemos a los que visten holgado y con los pantalones a media cadera, con tatuajes y gorra, a los que se les dice cholos o chacas, todo  según el tipo de aditamentos que usen. 

¿Pero qué significan todos esos atuendos y colores? ¿Qué nos dicen? Este texto trata sobre uno de ellos, una subcultura contemporánea que vivimos a diario,  que la vemos a diario, la subcultura de los años 1940: los hípster.

Hípster deriva de la palabra “hip” que en los años 40 los músicos de jazz  usaban para describir a cualquier conocedor de la emergente subcultura afroamericana, lo cual incluía saber de jazz. Los miembros de esta subcultura fueron llamados “hepcats” (que significa en término para el jazz, banda o comics) un término que luego se transformó en la palabra hípster.

El primer diccionario que enlistar esta palabra fue el pequeño glosario For characters who don’t dig jive talk,  publicado en 1944 junto con el álbum Boogie Woogie In Blue del pianista Harry Gibson, quien actuó como Harry el Hípster.

El término hipster también es considerado un estereotipo que fue eclipsando a la verdadera cultura indie, lo que provoca que se cree un estigma del que ellos quieren escapar para poder presentar libremente su arte.

De entrada a los hípster los definía como “personas que gustan del hot jazz y el boogie woogie”, género al cual se inclinó Gibson al momento de denominarse el Hípster. Al ser una subcultura, este término abarca diferentes concepciones que generalizan la manera de llamar a los movimientos sociales de carácter intelectual del Siglo XX en adelante.

Las características más resaltantes de los Hípsters son:

1) Las gafas. Uno de los accesorios más representativos de un hípster, son las gafas, incluso sin aumento, por pura imagen.

2) El cabello y la barba. Con un copete abundante peinado hacia atrás o con un pequeño chongo en la parte alta de la cabeza. Rapado a los lados con máquina peluquera con el accesorio del uno o uno y medio. Barba de leñador.

3) Ropa vintage. Es el término empleado para referirse a objetos o accesorios con cierta edad, que no pueden aún catalogarse como antigüedades, y que, como los buenos vinos, se considera que han mejorado o se han revalorizado con el paso del tiempo. Su ropa no sigue patrones específicos, pero se distingue por llevar un estilo personal, bohemio, “old-school”, alejado de la moda del momento y en muchos casos intemporal. Suelen reutilizar prendas y complementos antiguos, con estética vintage. Por ejemplo, los podemos encontrar vistiendo camisas de colores apagados, pantalones vaqueros, zapatos o botas, jerseys, gorros y barba. También les gustan las gafas clásicas y los complementos artesanales, así como sudaderas y usualmente con el capuchón puesto.

4) Música. Les gusta la música indie, indie-rock y jazz, aunque también simpatizan con otros estilos y escuchan bandas poco conocidas. Respecto al cine, prefieren el género independiente. El denominado post-rock, la música electrónica y la música experimental o cualquier otra forma de música

5) Bebidas artesanales. Cerveza de sabores, nacional o extranjera.

6) Onda ecológica. Amante de la naturaleza y de los animales.

7) Bares bohemios. Principalmente donde se toque la música Jazz.

8) Bicicleta. En busca de cuidar el medio ambiente.

9) Amantes de Apple. Por su aportación a la innovación y a la creatividad.

La cultura urbana de los hípster viene representada por jóvenes, en su mayoría de edades entre 20 y 35 años, que muestran un pensamiento independiente, intentando apartarse de las modas del momento, vistiendo y escuchando música no comercial. Rechazan el consumismo desmedido, poniéndose de lado del comercio local y el respeto por el medio ambiente.

Es un grupo poco homogéneo y con grandes diferencias entre ellos, no teniendo tanta cohesión como otras culturas urbanas. Esto se debe a la búsqueda personal de un pensamiento propio, y a su intento de alejarse de lo prefijado y común.

Se le suele ligar ideológicamente con los hippies con aquello del  “amor y paz”. Su origen surgió a mediados del Siglo XX (1950), aunque desapareció y volvió a usar a finales de los años 90, aunque ha sido a principios de la década de 2010 cuando se ha popularizado y extendido más como una subcultura urbana.

Es un grupo extendido sobre todo en grandes ciudades entre personas de clase media. Cabe recalcar su alta presencia en ciudades como Nueva York, Chicago o San Francisco, en los Estados Unidos.

Igual que otras subculturas urbanas, al extenderse y popularizarse se convierten en una moda. Es por ello que actualmente se llama “h i s p t e r” a las personas que visten según una estética concreta, aunque no tengan nada en común con los “h í p s t e r s” originarios o incluso sus actuaciones sean contrarias al espíritu original del término.

Al final, ocurre como en todas las modas: cuando una tendencia se populariza, pierde su esencia y pasa a ser un negocio para las empresas que venden ropa, complementos o servicios adaptados a los gustos de los nuevos Hípster, que incluso pusieron de moda las barberías.

También existen otras subculturas derivadas de los hipsters, como por ejemplo los merman o hombres-sirena, que no confundamos el término, no hablamos de tendencias sexuales, más bien de moda y accesorios.

La cultura hípster no presenta tendencias violentas. Su ideología es preferentemente progresista y valoran sobre todo el pensamiento independiente. Utilizan las redes sociales con mucho éxito para difundir sus ideas y opiniones.

Gran parte de los hípster son amantes de la fotografía, la moda vintage, la cocina original y son asiduos a realizar viajes, visitar museos y compartir experiencias en el ciberespacio. 

En el libro Jazz Scene (1959) de Eric Hobsbawn (utilizando el seudónimo Francis Newton) describe a los hípsteres como “dueños de un lenguaje propio… personas de una especial espiritualidad”.

El hípster es catalogado  de clase media-alta que se establece por lo general en barrios que experimentan procesos de gentrificación. ¿Pero qué significa esto? El término gentrificación (viene de la palabra en inglés gentry que significa “alta burguesía”) y se refiere al proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado o en declive, que a partir de la reconstrucción o rehabilitación edificatoria, se eleva con mayores alturas que las preexistentes.

Todo esto provoca que los residentes tradicionales abandonen el barrio y que se sitúen en espacios más periféricos, lo que produce que este “nuevo” espacio termine por ser ocupado por clases sociales con mayor capacidad económica que les permita aportar estos nuevos costos sociales.

Este proceso de adopción tiene especial relevancia en los últimos años en los países capitalistas y principalmente en ciudades con importante potencial turístico y relevancia económica.

En la cultura juvenil, otra cara de los hípster usualmente se refiere a personas jóvenes con gusto por la música alternativa, el skateboardina (es un deporte que consiste en deslizarse sobre una tabla con ruedas y a su vez poder realizar diversos trucos, gran parte de ellos elevando la tabla del suelo y haciendo figuras y piruetas con ella en el aire) u otros deportes urbanos, con un sentido irónico de la moda o una u otra manera de estilo “bohemio”.

En 2003, el libro de humor satírico de Robert Lanham The Hípster Handbook afirmó que los hípsteres son gente joven con cortes de pelo como The Beatles, portando bolsos estilo retro y zapatos de plataforma, hablando por celular, fumando cigarrillos europeos, y con una biografía del Che Guevara bajo el brazo.

Recientemente en España se ha convertido en una corriente de moda que como otra cualquiera es seguida por un grupo amplio de gente que adopta los estilos que cada año se marcan “a la última moda”.

En 2013 fueron los bigotes los que se pusieron de moda y desde 2011 la tendencia son las barbas en lo que se ha acuñado despectivamente como la “Rajoy Youth”.

Otras subculturas consideran el estilo de los hípster como la copia fashion o el “bisú” hecho moda por los hípster del estilo rockabilly de los años 40 – 50 ya que si se observan detenidamente ambos contemplan rasgos y aspectos similares, el tupé y la ropa, dicho estilo es particularmente más atribuido a los neo-rockabillys con un estilo más rudo, auténtico y que realmente revive el vintage, comúnmente ambos son confundidos en las calles aunque en esencia estos últimos son el auténtico revival de los años 40 y 50, poco se sabe de ellos en la cultura Pop a la cual aún con discordancia se ha inclinado el movimiento hípster.

Varios escritores y periodistas han dado su punto de vista sobre esta subcultura. Según Víctor Lenore, por ejemplo,  dice que muchas de estas inclinaciones y rasgos han hecho del movimiento hípster la “subcultura” favorita del capitalismo.

A comienzos de los años 2010 la subcultura hípster inicia su auge y gana mayor popularidad, convirtiéndose en una de las subculturas actuales más populares entre los jóvenes de todo el mundo. Son comúnmente identificados con la ropa, las actividades al aire libre, la música y la comida fuera de la principal corriente social (mainstream), escuchando música de bandas generalmente poco conocidas.

Christian Lorentzen, de Time Out New York,  afirma que la metrosexualidad es la apropiación hípster de la cultura gay, como un rasgo que fue dejado desde la fase “emo”.

También emite un argumento en el que afirma que “el hipsterismo hace un fetichismo de elementos auténticos” de todo los “movimientos marginados de los post-guerra beat, hippie, punk skin, e incluso grunge”, y se dibujan “tiendas culturales de cada etnia no mezclada” y del “estilo gay”.

Afirma Lorentzen que este grupo de “personas de 18 a 34 años”, que son principalmente blancos, “han debilitado, despellejado y consumido” todas esas influencias. Dijo que los hípsteres, “en su presente personificación en constante viveza” son “esencialmente personas que piensan que son más geniales que América”, también refiriéndose a ellos como “los asesinos de lo estupendo”. También critica como la amenaza original de la cultura ha estado abandonado y ha estado reemplazando con “la forma de una agresión de inexacta pasividad llamado sarcasmo.”

Por su parte, Julia Plevin en un artículo de Huffington Post titulado “¿Quién es un hípster?”,  argumentó que la “definición de hípster permanece opaca para cualquiera fuera de este círculo altamente selectivo y autoproclamado”. Afirma que “el punto principal de los hípsteres es que ellos evitan las etiquetas y ser etiquetados. Sin embargo, todo ellos visten lo mismo y actúan igual, y se conforman en su no conformidad” hacia un “aspecto vintage, sensiblero, cuidadosamente cuidado e icónico”.

En su espacio informativo, Rob Horning desarrolló una crítica del hipsterismo en su artículo “La muerte del Hípster” publicado en abril de 2009 en PopMatters, explorando varias posibles definiciones para el hípster. Reflexionó que el hípster quizás sea la “personificación del posmodernismo como una fuerza gastada, revelando lo que pasó cuando la mezcla y la ironía los cansa como estética”, o quizás sea “una especie de punto intermedio cultural permanente en el último capitalismo de carácter mediático, vendiendo fuentes alternativas de poder social desarrolladas por grupos forasteros.

Horning también propone que el papel de los hípsteres quizás sea para “apropiarse de las nuevas formas culturales capitales, entregándolas al mainstream mediático en una forma comercial y desnudando a sus inventores… del poder y la gloria”.

Dan Fletcher, en la revista Time, parece apoyar la teoría que se basa en la  postulación de que las tiendas como Urban Outfitters tienen arraigada una cultura hípster, combinada, estilizada y producida por los medios de comunicación con partes de la cultura mainstream, de tal forma que oscurece sus orígenes, su arte alternativo de permanente fuerza y su escena musical.

Para Elise Thompson, un editor del blog angelino LAist, argumenta que “las personas que han venido desde los movimientos punk rock de los setenta y ochenta parecen odiar universalmente a los hípsteres”, que ella define como personas vistiendo “modas alternativas caras” para ir a los “bares más actualizados, geniales y últimos… y escuchar a la banda más actualizada, genial y última”.

Thompson argumenta que los hípsteres “no parecen suscribirse a alguna filosofía en particular… o género particular de música”. En su lugar, ella argumentó que ellos son “soldados de la fortuna del estilo” que toman lo que sea mientras sea popular y está en el estilo, “apropiando el estilo” de los movimientos contraculturales pasados como punk, mientras “desechan todo lo que el estilo significa”.

En el caso de Mark Greif, éste pone el término hípster en un marco socioeconómico fundamentado en la tendencia a la pequeña burguesía de una generación joven insegura de su futuro estatus social. Es conocido como “moderno” aquel que se identifique con sus ideologías de origen bohemio y sus vestimentas desarrapadas. La moda cultural es indicativa de una estructura social con una intensificada ansiedad económica y una disminuida movilidad de clase.

No sería muy alejado de la realidad que calificáramos a esta subcultura como displicente, ante una explicita carencia de sentido u objetivo, pareciera caprichosa la decisión de adoptarla como un sentido de vida, incluso como moda, que si bien son defensores de la naturaleza no participan en otro tipo de temas, ya sea político, sociales o religiosos.

Estimado lector, en este texto le ofrezco los elementos para opinar e incluso decidir si quiere pertenecer a este grupo de la población, con el listado que le he proporcionado puede adoptar fácilmente las características necesarias de acuerdo a sus gustos y aficiones. Para bien o para mal, ya tiene usted los elementos para opinar  y decir, lo demás lo dejamos al breve espacio de la cotidianidad.

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