La inspiradora luz de Vallejo

 

 Por Pedro Venegas

Apreciar aquellas expresiones de arte que el mundo nos muestra, tales como la literatura, la pintura, la música, la escultura, nos hace tener un paladar cultural más amplio y cosmopolita pero esa es una percepción personal que se desarrolla con el tiempo y con la búsqueda de las distintas expectativas culturales. El que hoy me ocupa, es uno de esos casos de admiración, a pesar del tiempo y del espacio geográfico. 

Con 102 años de que el poeta peruano César Vallejo comenzara a dar a la poesía universal su huella memorable, su obra sigue igual de vigorosa y vigente para quienes lo leemos y hasta para los que no lo hacen, quizá más porque escasos han sido los grandes bardos que puedan opacar su legado. Esto lo apunto como dato y con cierta tristeza.

¿Habría quien dijera de Vallejo, a su muerte claro, lo que Alexander Pope de Newton? (La naturaleza y sus leyes yacían ocultas en la noche; Dijo Dios “que sea Newton” y todo se hizo luz). También los poetas dispersan las tinieblas y crean la luz con la palabra. Espero que esto no sea una exageración de mi parte.

Creo que con un alud de imaginación y originalidad, el peruano le torció definitivamente el cuello al cisne modernista de muy engañoso plumaje para dar a luz la poesía vanguardista y comprometida que causó escozor en la sociedad peruana de su época, como habría de suceder en otros lares en donde surgió, incluso en aquellos “más desarrollados”.

Recordemos a Archibald MacLeish, quien fue un poeta modernista y escritor estadounidense. Ganó en tres ocasiones el Premio Pulitzer. Contemporáneo de Vallejo, quien desde la capital del imperio postuló que la poesía y la revolución política encuentran terreno común en un mundo cambiante: “Hay una muy buena razón por la que la relación de la poesía con la revolución política debiera interesar a nuestra generación. La poesía, para la mayoría, representa la intensa vida personal del espíritu único, de su sentimiento, de su pasión.

La revolución política representa la intensa vida pública de una sociedad con la cual el espíritu único debe, pero no debe, hacer su paz. La relación entre ambas contiene un conflicto que nuestra generación entiende: el conflicto entre la vida personal de un hombre, y la vida impersonal de muchos hombres.”

El 15 de abril de 2017 se cumplieron 79 años de la muerte de César Vallejo, un mes después del aniversario 125 de su nacimiento. Vallejo comenzó a escribir muy joven y tuvo una vida literaria productiva de sólo 22 años, pues murió a los 46 años de edad. En su mundo los intelectuales se formaban en la aurora, los hechos transcurrían de manera vertiginosa y quienes sentían el llamado de la reflexión y de participar activamente en la vida social y política, eran empujados a crecer al ritmo de un mundo que parecía correr.

César comienza a publicar en 1916, en la convulsión de la Primera Guerra Mundial, conflicto que involucró a muchos países y afectó en distinto orden a casi la totalidad del planeta. Poco más tarde vivió la primera revolución socialista del mundo, aquella que transformaría no sólo a la Rusia zarista sino al mundo entero a lo largo del Siglo XX, porque dio lugar a tesis sociales, políticas y económicas que polarizaron al planeta: “Pese a los errores de su sistema científico”, dijo el gran Hugh Trevor-Roper.

Una de las repercusiones más interesantes fue la aparición de propuestas estéticas que latían al compás de movimientos sociales mundiales, regionales y locales. No se trata de una explicación simple que asimile las formas literarias a tal o cual ideología o al misterio del arte, sino de una gran complejidad artística que acompañaba a un mundo complejo.

Al analizar la producción literaria latinoamericana de esa época, José Carlos Mariátegui distinguía tres periodos: uno colonial, otro cosmopolita y otro nacional. El primero era el que se explicaba por la supeditación social y política que significó la Colonia; en el segundo se podían percibir elementos provenientes de la producción literaria de otros países y el tercero es en el que se logra un lenguaje propio.

Varios escritores, entre la tercera y la quinta década del Siglo XX lograron ese lenguaje que fue conformando una copiosa producción latinoamericana, como podemos ver, por mencionar sólo a tres, en Vicente HuidobroPablo Neruda y Octavio Paz. La narrativa también fue una veta sumamente pródiga.

José Carlos Mariátegui no era sólo un acucioso teórico social sino también un excelente analista literario, autor de un impresionante número de artículos de divulgación del marxismo y de crítica literaria. Las páginas de la revista Amauta, que fundó en 1926, fueron visitadas por las plumas más creativas de la época. Borges, Martí, Unamuno, André Bretón y muchos más publicaron en Amauta. Por supuesto, también César Vallejo, quien gozaba de la admiración de Mariátegui. En Siete ensayos sobre la realidad peruana, uno de los textos clásicos de la teoría latinoamericanista, Mariátegui incluye a César Vallejo en el apartado sobre literatura, donde lo describe como el precursor de una nueva conciencia y una nueva poética peruana.

No estaba equivocado Mariátegui. Sin embargo, la transición entre los tres periodos poéticos que visualizó en las letras peruanas, el esquema aplicable a la realidad, a prácticamente toda la literatura latinoamericana, esto significo rupturas, representaba dejar atrás tradiciones y volcarse en la actualidad política. Estas novedades están acompañadas a menudo de incomprensión. Quizá fue por ello que César Vallejo sintió pequeño el patio literario en el que se movía en Perú y fue el impulso que lo llevó a buscar nuevos aires literarios a Europa, donde encontró el ambiente creativo que buscaba… y también evitó la intolerancia política que comenzaba a perseguirlo en su país de origen.

 “Los heraldos negros” fue el primer poemario que publicó Vallejo, en 1919, cuando aún vivía en Perú. La fuerza expresiva de estos poemas los ha mantenido a salvo del paso del tiempo. Puedo decir que el poema introductorio, que lleva el mismo nombre del libro, es quizá uno de los más lúcidos, inteligentes y desafiantes que se hayan escrito. Una ayuda de memoria para los poco aficionados a la poesía:

 

         “Hay golpes en la vida tan fuertes…¡Yo no sé!

          Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos

          la resaca de todo lo sufrido

          se empozara en el alma…¡Yo no sé!

          Son pocos, pero son… Abren zanjas oscuras

           en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

          Serán tal vez los potros de bárbaros atilas

          O los heraldos negros que nos manda la Muerte.”

 La obra de Vallejo no está en lo apolítico, su participación también fue social y crítica, y nos ofrece una sustancia telúrica, de fuertes movimientos de conciencias pero, para todos aquellos de pensamiento punzante en ese momento, encontraron en la poesía de Vallejo una paradoja hechicera, ya sea del lado de lo sentimental como de lo pensante.

 A esas alturas del partido (dicho en términos futbolísticos) unas cuantas decenas de poetas ya habían dado la vida en América Latina por causas políticas; y ni hablar de las centenas de políticos que en algún momento de su vida incursionaron por la poesía. Es toda una ensalada maravillosa de luces y sombras que a mí me muestra a un poeta más humano.

La etapa histórica que les tocó vivir hizo que lo que para MacLeish fue una posibilidad de generaciones futuras, para gente como César Vallejo fue un rito de pasaje tan natural como hacer el amor en un cementerio (sarcasmo). La mezcla de periodistas, poetas y políticos, todavía aterra y fascina en algunos antros académicos euro-yanquis.

Para ejemplificar citó otro fragmento del estadounidense: “La verdadera maravilla no es aquella que los admiradores literarios dicen sentir: la de que la poesía deba ocuparse tanto de un mundo público que tan poco le concierne. La verdadera maravilla es que la poesía se ocupe tan poco de un mundo público que le concierne tanto”.

La lectura de la obra de Vallejo y de muchos otros escritores latinoamericanos que contribuyeron a darle brillo a las letras de nuestro continente hoy es sólo material para quienes tienen interés específico en la poesía o en la literatura.

Para conocer más estas obras, como la de Vallejo, sólo resta a los académicos fomentar en sus alumnos el interés por otras culturas que mucho aportan al mundo. Entre las limitaciones de los programas de estudio -por ejemplo del bachillerato, que intentan abarcar una gran cantidad de contenidos para que los estudiantes aprueben los exámenes de evaluación- nuestros jóvenes han perdido la oportunidad de conocer a poetas que nos han dado sentido de pertenencia y momentos luminosos de la experiencia poética pero cómo lo sabrían si no los conocen.

Estimados lectores, aconsejo abrirnos a las nuevas experiencias, a la diversidad de pensamientos e ideologías, a los distintos momentos culturales e históricos de nuestro planeta, más allá de las fronteras, de las razas y de las creencias. Hay mucho por explorar, hay mucho por ver. En este caso les sugiero recuperar a César Vallejo porque bien vale la pena.

 

Imagen tomada del sitio www.telesurtv.net

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