La modificación agrícola, una opción para el futuro

Por Pedro Venegas

El campo siempre ha sido motivo de preocupación de los gobiernos, principalmente de aquellos países eminentemente agrícolas y cuya inversión debe verse reflejada en el comercio exterior, por ello quisiera compartir datos relevantes sobre nuevas opciones para aprovechar mejor la tierra.

La información que voy a presentar está basada en el conocimiento generado en la investigación científica, y a partir del enorme acervo que tiene la asociación civil AgroBIO México y organismos como la Alianza Protransgénicos, cuya conformación es de por sí interesante ya que en estos participan productores, investigadores, académicos y comunidad estudiantil.

Parte de este texto también está soportado por lo que establece la legislación nacional y el funcionamiento de sus órganos operativos.

La materia que vamos a tratar se llama Biotecnología Agrícola y es definida; como la aplicación de las técnicas de la ingeniería genética al mejoramiento de los cultivos, con el objetivo de generar beneficios para el productor agropecuario, el consumidor, la industria, la salud animal y humana y el medioambiente.

Sus resultados están basados en esfuerzos y precauciones en universidades, centros de investigación y empresas en México, así como de organismos internacionales, involucrados en mejorar la agricultura y la alimentación en el mundo y tiene una experiencia basada en estudios desde hace más de 20 años.

Para ser una información valida ésta debe ser comprobable, hay una diferencia importante entre suposiciones erróneas o indemostrables, e información documentada experimentalmente para conocer la verdad. Hay muchos pros y contras sobre el tema y estar bien informado es importante.

Como toda nueva opción tiene votos a favor y votos en contra. Por un lado, los que hablan en contra, dicen que la biotecnología moderna —junto a la ingeniería genética—, “es riesgosa para la agricultura porque altera la naturaleza de los cultivos, sin prever las consecuencias” y que, además, “no es necesaria”.

Sin embargo, la biotecnología incluye buena parte de las prácticas de la agricultura y la cría de ganado, así como para el procesamiento de alimentos. Desde el inicio de tales prácticas, todo lo que comemos es de algún modo artificial; ha sido seleccionado con criterios productivos, nutritivos, económicos y por tanto ya no son “naturales”, esto sucede desde hace mucho tiempo.

No hay que olvidar que estamos en una época moderna, con tecnología de punta, y que para la mejora en cuestiones de productividad, salud y conservación, la biotecnología llamada moderna utiliza las técnicas de ingeniería genética que permiten transferir y añadir características útiles a ciertos organismos de importancia médica, alimentaria e industrial: los denominados OGM (Organismos Genéticamente Modificados), es el futuro y nada más.

El progreso ha permitido la producción de insulina humana y de vacunas, fortificar varios alimentos y utilizar microbios para limpiar suelos contaminados, es el avance, la evolución y está en todas partes, en el campo y en la ciudad.

Esta evolución aplicada al campo, la biotecnología moderna en concreto y los transgénicos, han logrado mejorar el desempeño de varios cultivos, al incorporar en su acervo hereditario, uno o varios genes que le confieren capacidades funcionales y relevantes contra problemas que no han podido resolverse mejor con otras alternativas, tales como resistir el ataque de determinadas plagas y enfermedades, así como tolerar condiciones climáticas extremas, como la sequía, el granizo o la nieve, o incorporar más y mejores nutrientes en los cultivos.

No tengamos miedo al cambio. Para hacerlo más claro, tengo que decir que en sus inicios, desde antes de 1996, justo cuando en algunos países del mundo comenzaba tanto la siembra comercial de variedades de cultivos Genéticamente Modificados (GM), como el consumo de sus derivados, se elaboraban ya numerosos estudios que han demostrado su eficacia y ventajas, descartando claramente posibles consecuencias negativas para la salud humana, la sanidad animal y de cultivos, al medio ambiente y a la diversidad biológica.

Como en muchos casos, la diferencia de opiniones se basa en los alcances tecnológicos de cada país. Algunos suponen que los alimentos genéticamente modificados y sus productos derivados “son nocivos para la salud humana y animal”. Desde hace más de 20 años, hay una regulación amplia y estricta que permite evaluar y descartar de antemano, así como monitorear posibles afectaciones a los consumidores de estos productos agrícolas.

Las investigaciones fundamentan los resultados, una prueba de ello que los resultados son buenos. Durante esas dos décadas no se ha reportado un solo problema sanitario en el ganado o en comunidades humanas en ningún país, incluidos todos los que tienen regulaciones de bioseguridad porque se han comprometido con los protocolos internacionales en esta materia, ya sea que los producen, importan o consumen como alimento para personas y/o animales.

Para sustentar lo señalado, el avance en este campo es claro pues actualmente existen unas 77 variedades (o eventos) de cultivos GM en más de 20 especies agrícolas y sus resultados notables. Las agencias de salud de más de 60 naciones analizan individualmente cada caso, según la solicitud de alguna institución o empresa del mundo, que pretenda su producción, comercialización y aprovechamiento como alimento.

Existen pruebas de que los resultados de la aplicación científica en los cultivos han sido exitosa. Es además conocido que el consenso científico mundial por son tan seguros como los alimentos convencionales.

Nada tan seguro como la comprobación. La evidencia más clara de que los comentarios negativos son infundados se demuestra en que, algunos investigadores que afirman tener evidencias de que el consumo de ciertos alimento transgénico disponible comercialmente produce alteraciones, no han podido repetir sus experimentos o bien, no demuestran claramente que tal componente de la dieta sea la causa.

Más aún, es destacable que la diversidad y rigor de los análisis realizados en cada cultivo biotecnológico autorizado, hace que los alimentos derivados de transgénicos sean los más evaluados en la historia, y por ello más seguros, en comparación con otros alimentos que podemos ingerir normalmente (convencionales, irradiados, exóticos, orgánicos) y que no fueron sometidos a este tipo de evaluaciones.

Otros argumentos negativos indican que “en México se pretende utilizar productos GM para consumo humano, cuando en Estados Unidos sólo los utilizan para consumo animal y en la Unión Europea están prohibidos.”

Nada más falso que eso. En los Estados Unidos, además de una abundante producción de maíz y soya GM, está aprobado su consumo humano y representado en múltiples productos derivados de estos cultivos así como de otros como la canola, calabacitas, papayas y papas.

En lo que refiere a Europa (para mayor precisión, para los ahora 27 miembros de la Unión Europea y el Reino Unido) hay diversas restricciones al cultivo, pero no hay tal prohibición a importaciones y consumo de granos y otros productos desde países que usan biotecnología agrícola; la producción interna de cultivos GM en Europa está más bien dirigida a las provisiones lecheras, producción de huevo y carne.

Más aún, en más de 60 países, como Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Colombia, Estados Unidos, India, Japón, Sudáfrica y los actuales miembros de la Unión Europea (UE), además de México, han realizado continuamente evaluaciones sanitarias para autorizar, condicionar o rechazar, solicitudes para el consumo de alimentos transgénicos, importados o producidos localmente.

Incluso, existen sitios de referencia internacional que registran el estatus regulatorio, las evaluaciones y aprobaciones por las autoridades sanitarias, agrícolas y ambientales de cada país con respecto a la siembra y consumo humano y animal, así como su uso para procesamiento de otros productos.

En nuestro país, desde 1996 la Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) que depende de la Secretaria de Salud, e instancias precursoras, han autorizado un total de 161 tipos de cultivos transgénicos y cuentan con autorización independientemente de las decisiones o políticas de otras naciones. La mayoría corresponden a los desarrollados para maíz, algodón, soya y canola, en ese orden, aunque se incluyen otros cultivos.

Asimismo, organismos como Agrobio México impulsan la difusión de información clara, bien detallada y con sustento, sobre el tema que no deja lugar a duda, e incluso invitan a consultarlos para aclarar todas las dudas al respecto.

Tenemos que reflexionar sobre el hecho de que la aplicación de esta tecnología tiene que verse desde distintos ángulos. Por ejemplo, el costo económico y otras complicaciones regulatorias, así como reticencias sociales alimentadas por la desinformación (en México y muchos otros países) son las causas principales que hacen lento el proceso de aplicar los actuales protocolos y estándares internacionales vigentes.

La reflexión apropiada de la situación nos indica que aunque hay estadísticas, propuestas y proyectos que avalan la contribución de las aplicaciones de la biotecnología agrícola para la seguridad alimentaria y el manejo ambiental, está claro que no hay soluciones únicas o excluyentes.

Para aterrizar este tema debo decir que los criterios funcionales a los que se incorporan tecnologías en evolución (biotecnología, genómica, biología sintética), son a los de coexistencia y la sustentabilidad.

Es decir, por un lado, armonizar diferentes estrategias y soluciones que van ocupando un lugar en momentos y espacios únicos y compartidos bajo regulación; por otro, probar empíricamente que tales soluciones aporten elementos de beneficio económico (mejores ingresos), social (mayor acceso y equidad) y ambiental (menor afectación o posible compatibilidad), para las actuales generaciones y si éstas funcionan, beneficiarán a las venideras y así sucesivamente.

Visto desde una perspectiva actual, considero que sería benéfico que los candidatos a la Presidencia de la República para el proceso del 1 de julio de 2018, pudieran darse un tiempo para revisar esta alternativa de solución a los problemas en el campo mexicano y aprovechar los beneficios de la Biotecnología Agrícola y así proporcionar un mejor alimento a sus ciudadanos.

 

Imagen tomada del sitio www.agricuturers.com

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