León Serment, los buenos seguimos siendo más

Por Pedro Venegas 

“Quería narrar con mi trabajo el dolor que vive México”

León Serment

 La noche se veía tranquila, oscura pero sin expresiones de lluvia o frío, acomodaron su calzado deportivo para poder caminar cómodos, traían ropa ligera, sin lujo, de playera y por supuesto ni un solo peso encima o no los suficientes. Iniciaron la marcha padre, hijo y esposa fusionados en una familia. Como siempre, poca plática y más acción. Eran las 22:20 horas, el aire tenía algo de especial, primero acompañaron a su esposa a tomar un taxi y después todo cambió, la vida dejo de ser lo que era, la vida… dejo de ser.

León Juan Salvador Serment Guerrero, de 55 años de edad, cineasta de profesión, fue asesinado de ocho puñaladas al intentar asaltarlo el 27 de agosto de este año, en la colonia Merced Gómez, en la delegación Álvaro Obregón, su hijo fue testigo y también fue golpeado por no traer dinero.

Hace dos sexenios un funcionario público encargado de la protección de los ciudadanos comentó en una entrevista que la seguridad no es algo que se lea o que se exprese en una estadística, la seguridad es algo que se debe sentir que la debemos sentir todos al caminar por las calles, finalmente para reconfortarnos remató con una frase lapidaria: “Los buenos seguimos siendo más que los malos”. ¿Qué pasó entonces?

Me gustaría que esta no fuera una historia más de la delincuencia que azota a la Ciudad de México, que los delincuentes no quedaran impunes, que su cruel delito no tenga la suerte que muchos otros en los que nada sucede. Que la autoridad ejerza y ejecute su deber y su poder para alcanzar al culpable, para que la muerte de León Serment no quede sin castigo para el culpable, que podamos sentir que hay justicia, que hay autoridad, que hay Gobierno.

De acuerdo con información de las autoridades capitalinas, los hechos ocurrieron en el cruce de las calles Alconedo y Periférico, colonia Merced Gómez, delegación Álvaro Obregón, lugar donde los rateros los tiraron al piso y al revisar a sus víctimas y no hallar objetos de valor ni grandes cantidades de dinero en efectivo comenzaron a golpear a las víctimas. Supuestamente, no confirmado, Serment se opuso y los delincuentes lo hirieron con al menos un arma punzocortante en tórax y abdomen del lado izquierdo, lesiones que le causaron la muerte. El joven, estudiante de la UNAM, sólo recibió golpes. Los delincuentes huyeron del lugar.

Aunque personal de la Cruz Roja Mexicana acudió al lugar de los hechos e intentaron salvar la  vida del cineasta, éste ya había  fallecido.

Por su parte el hijo de Serment fue atendido por diversos golpes que no pusieron en riesgo su vida y, después de que le brindaron los servicios de salud correspondientes, fue trasladado al Ministerio Público en donde rindió su declaración de los hechos.

León Serment fue egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), durante su carrera profesional dirigió las películas El efecto Tequila y Kada Kien su Karma, además de algunos cortometrajes. Asociado con su exesposa, era dueño de la casa productora Taller de Luz.

Además fue un reconocido documentalista que realizó los filmes Proporciones humanas; Dimensiones divinas; Virgen de Guadalupe, entre la fe y la razón; Maquío: La fuerza de un ideal; El afán educativo; Kada kien su karma y Efecto tequila

Su trabajo también fue reconocido como documentalista. Inició en 1996 con la dirección del cortometraje Proporciones humanas, dimensiones divinas. Le siguieron producciones como Virgen de Guadalupe, entre la fe y la razón (2002), Maquío: La fuerza de un ideal (2003) y El afán educativo (2012). Tras la noticia de su muerte, compañeros de profesión lamentaron el hecho.

Sus compañeros y amigos como el director Guillermo Arriaga, el fotógrafo Salvador San Vicente, y el cineasta y escritor Gustavo Loza, lamentaron la muerte de quien colaboró con ellos, de la ausencia de su entrañable compañía y aún más de que el hijo de Serment haya presenciado el homicidio.

Lamentablemente las desgracias no terminaron para la familia Serment, a casi un mes de la muerte de su esposo, la productora de cine Adriana Rosique se suicidó en su casa en la Ciudad de México.

Rosique fue entrevistada a continuación del homicidio de su esposo en Radio Fórmula, donde había asegurado que llegaría hasta las últimas consecuencias para dar con los responsables. Dijo que “ella no quería a un México así, donde pasen esas cosas”. La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México lamentó la muerte de la productora Rosique.

¿De qué tiene que carecer una persona para asesinar a otra con esa saña? ¿De qué sentimientos? ¿De qué valores? ¿De cuánta decencia y educación? ¿De cuánta hombría? ¿Qué vida miserable se tiene que vivir para convertirse en una bestia de ese tamaño? ¿Cómo puede mirar a la cara y más aún a los ojos de su madre o de su padre, de sus hijos? Posiblemente sean igual que él o no los tenga. ¿Cómo puede dormir después de haberle quitado la vida a un ser humano? ¿Cómo?

León Serment tenía la intención de narrar en un documental “el dolor que vive México”, tan golpeado, tan lastimado, tan escaso de justicia,  tan ausente de Gobierno, con sus hijos desaparecidos, con sus padres asesinados, con sus madres suicidadas.

Pero el final de esta historia es sorprendente, inimaginable y lamentable, luego de las investigaciones, de revisar las cámaras de vigilancia y de tener las versiones que cada uno de los testigos dieron, dentro y fuera de los hechos, se ubicaron a los autores materiales e intelectuales del homicidio, donde terriblemente se encontraba el hijo de  León Serment y Adriana Rosique, quien pagó 100 mil pesos por el asesinato de quienes en vida fueron su padre y su madre.

El pasado 29 de septiembre, durante un operativo se logró la detención de de los cuatro implicados (el hijo, la novia, un hombre y una mujer asesinos) por el delito de homicidio calificado, por el que pueden alcanzar una pena de hasta 70 años de prisión por cada uno.  Fueron ingresados los varones al Reclusorio Preventivo Varonil Norte y las dos mujeres al Centro Femenil de Santa Martha.

Y entonces la pregunta sería  ¿Cómo puede un hijo mandar matar a los seres que le dieron la vida? ¿Cómo?

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