Leonard Cohen, la voz que analizaba el alma

Por Pedro Venegas

 

Tomado del sitio SabinaWeb
Tomado del sitio SabinaWeb

Igual que una vela, la llama de su vida se fue extinguiendo hasta dejar todo oscuro, sus ojos simplemente se cerraron y dejo de respirar, en vida fue un hombre sencillo, de figura encorvada y sombrero, que sigiloso se acercó a los 82 años, edad en que dejo de existir, exactamente el pasado jueves 10 de noviembre Leonard Cohen dejo este mundo a pesar de sus deseos.

“Tengo planes de nunca morir”, dijo en una entrevista a medios de comunicación. Pastor de un rebaño muy selecto, sus admiradores hoy, después de muchos años de seguirlo, le reclaman el haber dejado los escenarios antes de tiempo, por querer quitarles el susurro seductor de su voz.

¿Pero quién era él? Lo puedo describir como un canadiense que dejó huella en el mundo, con su poesía, con sus canciones. Era un hombre sencillo, educado, cantante de voz ronca y profunda; compositor apasionado de su música, hombre sabio y humilde, sensato, consciente de sus circunstancias, lleno de vivencias transformadas en composiciones, en sentimientos y su mórfosis en un erudito que recorrió el mundo.

Tuvo dentro de sus experiencias un retiro espiritual en un templo budista (en los años 90), que lo llevó algunos años lejos del público, en esa época se convirtió en monje Zen en pleno Siglo XX.

Si tuviera que definir a Leonard Cohen tendría que decir que la vida lo fue moldeando para lo que al final de cuentas se convirtió en un psicólogo del alma. Su vida habría transcurrido feliz si no hubiera sido por la dureza de una fuerte experiencia que le proporcionó su manager, Kelley Lynch, quien le robó buena parte de sus ahorros y lo dejó prácticamente en la calle. Debido a esa circunstancia, se vio obligado a regresar a los escenarios, tuvo que volver a cantar; aunque con gusto, también lo hizo por necesidad.

Leonard Cohen nace en Montreal, Canadá, en 1934. Su vida ha sido como ese rayar y rayar sobre el acetato de un LP (Long Play), aquellos discotes que se usaron desde los 60 hasta los 90, y en los que inmortalizó tantas melodías muy a su estilo.

Lo más impresionante de este artista es que fue una de las pocas personas capaces de entrar en el subconsciente del público y crear distintas sensaciones en él. Puede aliviar al deprimido, consolar al más triste, enamorar a aquel que se muestra insensible y hacer recapacitar al suicida. La voz áspera, ronca, que casi susurra al oído y forma atmósferas psicóticas y alucinantes, pudo y pudo mucho.

A sus 82 años de edad, tuvo un largo tramo de vida que contar y fue capaz de hacerlo con una intensidad difícil de describir; sus historias son versos hipnotizantes para el corazón. Uno de sus más recientes conciertos fue en el escenario del Sant Jordi, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Un lleno brutal, todos cantaban al son de una sola voz, la de Leonard Cohen. Fueron los dos únicos conciertos en España de su gira “Old ideas”, que concluyó en Calgary, Canadá.

Leonard Cohen se inició en los años 60. Era un genuino trovador, siempre acompañado por su guitarra. El cantante y músico -después de escritor y poeta- exploraba los límites del sentimiento humano con sus letras cargadas de una estructura sentimental que iba más allá de un “te amo” o de un “ámame”. En aquel entonces, Leonard Cohen, pertenecio a la corriente musical del folk americano, junto a cantantes de la talla de Bob Dylan (Premio Nobel de Literatura 2016) y Joan Baez.

Discos como Songs of Leonard Cohen, Songs from a room y Songs of Love and Hate, que se convirtieron en éxitos en las décadas de los 60 y 70, fueron compuestos y escritos en su totalidad por la poética pluma de Cohen, y sólo utilizó su voz y su guitarra para interpretarlas.

Estos discos tuvieron una gran acogida en ciertos círculos sociales y musicales, ya que las canciones de Cohen, a diferencia de muchos otros artistas folk, se alejaban de la canción protesta, dirigiéndose más hacia el lado existencial, humanista y romántico de la vida, como le recita a su amor en So long, Marianne:

Nos conocimos cuando éramos casi jóvenes y era profundo el parque verde lila, que fue lo que se aferró a mí como si fuera un crucifijo, ya que fuimos de rodillas en la oscuridad. Oh, siempre, Marianne, es hora de que comencemos …

Hay dos canciones que marcarían mucho la línea de Cohen y lo volverían muy famoso: Like a bird on a wire o Famous blue raincoat, las cuales explican el comportamiento errático, confuso y perverso del ser humano, analizándolo y reconociéndolo al máximo. Se puede decir que este fue el gran éxito por el que se le llamó el “psicoanalista musical de la sociedad”. Cada nota y cada acorde de esas composiciones están diseñadas precisamente para acompañar el timbre de voz de Cohen.

Increíble o no, muchos clamaban que su arte era la mejor terapia psicológica posible para el sentir propio, mientras que otros optaban por decir que la música de Cohen eran obras de artes que reflejaban la vida misma y que por esa misma razón, éstas estaban confeccionadas como lamentos.

Fue también durante esta época que el artista mantuvo relaciones con muchas mujeres del mundo musical, como Janis Joplin y la bella modelo y cantante, Nico. Con el ego en alto, Cohen dio entrada al disco “Various Positions”.

Su canto mostró a un compositor y cantante más humanista, poético y acústico, con cierto toque religioso, muy claro en temas como Halleluja y I’m coming back to you. Sin embargo con I’m your man, Leonard se vuelve más maduro, con un notable cambio en la voz y cercano al rock.

A finales de los 90, aparece un cuarto Leonard Cohen, con más de sesenta años. Esta vez, edita “The Future” en el que realiza un estudio sociológico de alto nivel sobre la sociedad de fin de milenio. Dos años más tarde se prepara “Leonard Cohen: Live”, que resulta ser una autobiografía del cantante.

Cuando aristas como Cohen tienen esa capacidad para cantar historias y emocionar hasta las lágrimas a quien lo escucha, no necesita coreografías, ni luces espectaculares o piruetas circenses, lo único que requiere es el arte de su voz y de su talento como compositor.

Leonard Cohen siempre será ese romántico, mujeriego, amigo y bohemio que nos ha acompañado en nuestras depresiones al tiempo que nos levanta; el hombre que agradece el aplauso al quitarse el sombrero y colocarlo a la altura del pecho, para después otorgar una reverencia; el que susurra a nuestros oídos sus canciones y que le ha dado por anunciar en sus conciertos: “Voy a darles todo lo que tengo porque no sé si los volveré a ver”, advirtió en su último concierto.

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