María “Pistolas”, maestra con carácter revolucionario

Por Pedro Venegas

Dicen que para aguantar el dolor no hay como la mujer, al concebir un hijo por ejemplo,  con todas esas horas de espera y sufrimiento; para las enfermedades, para los golpes que puede llegar a recibir, en fin, para cualquier tipo de dolencia. Por ello no debe extrañarnos que sean ellas las que, en muchos casos, tengan el carácter de tomar decisiones, que incluso muchos hombres no se atreverían.

Precisamente esta es la historia de una mujer valiente y con carácter, dispuesta, firme en sus ideales, humana, mujer que honra su nombre y su historia.

Fue la lucha armada revolucionaria (1910-1917) el escenario que contó con la participación de mujeres como ella, mismas que no se limitan a las clásicas soldaderas. Mujeres de diferentes facciones y desde distintos frentes,  grupos, sectores y clases que trataban de dar forma a una nueva nación. Mujeres como María “Pistolas”.

María Arias Bernal, nombre original de nuestra protagonista, nació en la Ciudad de México en 1884 en el seno de una familia sencilla pero virtuosa. Largos años de estudio hicieron que Arias Bernal recibiera su diploma de maestra con honores en 1904, a los 18 años de edad. Comenzó a enseñar con tanta dedicación y pasión que se convirtió en directora de la escuela en que trabajaba en 1910, en solo seis años.

Tiempo después, Eulalia Guzmán, Dolores Sotomayor y Arias Bernal fundaron la Escuela Vocacional Corregidora de Querétaro con un plan de estudios que incluía lectura, escritura, aritmética, cocina, dibujo y costura, diseñado para ayudar a las mujeres de bajos recursos para mejorar sus circunstancias económicas.

Se desempeñó en el puesto de directora por un breve período, porque pronto, gracias a sus ideales liberales y revolucionarios, se unió al movimiento de Madero, lo que ella tanto anhelaba.

Gracias a su desempeño, fue maestra y activista durante la presidencia de Francisco I Madero (1911-1913) hasta que lo asesinaron en el golpe de Estado contrarrevolucionario de Victoriano Huerta.

Participó en la unidad educativa de alfabetización y se convirtió en la secretaria privada de Sara Pérez de Madero, esposa del presidente. Junto con Elena Arizmendi Mejía, promovió el trabajo de La Cruz Blanca Neutral (institución de Asistencia Privada que brinda atención a niños con malnutrición).

Valiente como ninguna, María Arias fue un ejemplo de la lucha que desde todos los ámbitos desarrollaron las mujeres durante la Revolución Mexicana para liberar al país del yugo de Victoriano Huerta tras del derrocamiento de Porfirio Díaz y el asesinato de Francisco I. Madero.

Cuando el presidente Francisco I. Madero fue capturado, Arias Bernal y Eulalia Guzmán intentaron entrevistarse con el líder del golpe, Victoriano Huerta, para suplicar por la vida del presidente y del vicepresidente, pero todo fue inútil. 

Todos los domingos, realizaban manifestaciones alrededor de la tumba en La Piedad, en el norte de la Ciudad de México.  Compró una imprenta para imprimir volantes y, junto a Julia Nava de Ruisánchez, distribuía manifiestos anti-Huerta por toda la ciudad. María Arias formó el Club Femenil “Lealtad” para manifestarse en contra de los abusos de Huerta.

La apoyaron en este movimiento Dolores Sotomayor, Inés Malváez y María Luisa Rojas, con las cuales organizó manifestaciones semanales en donde se pronunciaban discursos y se leían poemas y composiciones junto a la tumba de Francisco I. Madero.

Fue entonces que surgió un proyecto nacionalista que involucró y movilizó a los campesinos, la población más numerosa de esos años, a los obreros, a las clases medias y  la burguesía nacional con un ideal revolucionario.  Con expectativas diferentes y a veces contradictorias el pueblo se integró a las distintas facciones revolucionarias que contendieron en la guerra civil.

La mecha se encendió y desde el movimiento precursor Magonista (de Flores Magón) que actuó como fuerza de oposición a Porfirio Díaz, el Maderismo y  Constitucionalismo que enarbolaron la bandera de la democracia, hasta la contrarrevolución Huertista y los movimientos populares: Villismo y Zapatismo, actuaron todos en defensa de sus programas y objetivos de lucha, a veces haciendo un frente común, otras en forma independiente.

La promulgación de una nueva Constitución en 1917 cierra un ciclo de guerra civil y encauza al país por la vía Institucional, al cabo de una década de lucha que logró transformar al país. Todos estos acontecimientos que fueron modificando a México, también fueron transformando la vida de las mujeres.

Para esa época, la influencia de los movimientos feministas europeos y del sufragista estadunidense (la posibilidad de votar para las mujeres) se deja sentir en los escritos de un grupo de señoras, que se convierten en portavoces de las ideas emancipadoras, aprovechando el espíritu progresista e innovador de la época.

Significativamente, Arias Bernal fue arrestada en 1913, después de atacar a puñetazos y patadas a Jorge Huerta, hijo del presidente Victoriano, al cual sorprendió vandalizando la tumba de Madero.

Cuando el general Álvaro Obregón  llegó a la Ciudad de México en 1914, preguntó quién había cuidado de la tumba del difunto presidente. Cuando se enteró que había sido María Arias Bernal, sacó su arma, la levantó y declaró:

“No tienen excusa los hombres que pudiendo cargar un fusil se han abstenido de hacerlo, por el temor de abandonar el hogar, las comodidades y los hijos; yo he abandonado a mis hijos huérfanos, y sin vacilar me he puesto al servicio de la causa nacional; pero la prueba de que sé admirar los valores de los demás, es que cedo mi arma a la señorita Arias, porque ella es digna de llevarla; esta arma que ha servido para la defensa de los intereses populares está tan bien en sus manos como lo ha podido estar en las mías”.

Como resultado, la prensa comenzó a llamarla “María Pistolas”.

María Arias Bernal murió en la ciudad de México en noviembre de 1923, cuando tenía 39 años de edad.

Desde finales del siglo XIX la prensa constituyó el espacio donde ese sector femenino expresó la necesidad de redefinir no sólo la función social de la mujer, sino de luchar por su emancipación por medio del estudio y del trabajo remunerado, constantemente atacadas y criticadas con comentarios discriminatorios pero jamás derrocadores de su voluntad de acero y su corazón de oro.

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