México en Hollywood

 Por Pedro Venegas

Los cineastas y actores que recientemente han puesto en alto el nombre de México, tales como Alejandro González Iñárritu, Diego Luna, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, entre otros, nos hacen olvidar que durante un buen tiempo no se lograba gran cosa, es más, muchas de las películas mexicana eran un verdadero desastre.

La verdad es que el cine es el cine, como la literatura es la literatura, cada uno su lugar. Hay producción sobresaliente, excelente, buena, regular, mala o detestable. Estos connacionales galardonados lo fueron porque hacen bien las cosas, porque tienen amor por su oficio y porque no se andan con excusas.

En este sentido podrían ser afganos, burundíes, somalis o nicaragüenses… pero como es la fortuna que sean mexicanos, pienso que más que elevarlos a los altares del patriotismo celuloide debemos ponernos como ejemplo de lo que puede lograrse con tesón, preparación, ánimo y carácter.

Tengo por el cine un amor verdadero y puedo entrar a tres funciones un sábado y por la noche ver un preestreno. Así que por una parte disfruto enormemente las historias en la pantalla –con palomitas y toda la cosa- y por la otra tengo una necesidad de contarlo.

Así pues, tengo que comenzar por el principio. Cuándo Cárdenas llega a la Presidencia, el cine mexicano tenía cuatro años de haber entrado a la era sonora y estaba en la etapa que Carlos Monsiváis llamó de pedagogía revolucionaria.

El país requería bases comunes, lazos colectivos. El cine y la radio se anticiparon a la televisión en esa tarea. En 1934 en los precarios estudios nacionales se produjeron 28 películas “cada vez con mejor fotografía, cada vez, también, más invadidas por aquellos ‘elementos artísticos’ que el moribundo teatro arrojaba de su exhausto y repetitivo seno”, según el mordaz juicio de Salvador Novo.

En 1938 el fondo cinematográfico era de 75 películas producidas. En 1939 Cárdenas decreta que en los cines se exhiba por lo menos una película nacional al mes, lo que confirma por un lado el valor como instrumento cohesionador que se concedía desde entonces a ese medio y por otro la necesidad de poner un dique a las campañas de propaganda cinematográfica orquestadas por norteamericanos, alemanes, ingleses y franceses en suelo mexicano.

Las potencias que pronto se enfrentarían en los campos de batalla tenían clara la enorme fuerza del cinematógrafo como medio de penetración cultural y fuente de divisas. Al ascender Hitler al poder, una de sus primeras medidas fue revitalizar y fortalecer la industria cinematográfica alemana para competir con la de Estados Unidos. Se reorganizó la Universum Film Aktien Gesselschaft (UFA) y se extendieron sus redes de distribución.

El 2 de mayo de 1934, en plena campaña electoral de Lázaro Cárdenas, reapareció la UFA en México con una solemne premier presidida por el ministro de Alemania. Al año siguiente, en 1935, de las 15 películas que en México lograron rebasar las dos semanas de permanencia en cartelera, seis fueron alemanas. Alemania tendía de nuevo su cerco de celuloide.

La censura gubernamental se opuso a la utilización del cine mexicano como instrumento de cualquier denuncia. En los treinta, dice Monsiváis, ‘la intención del cine es pedagógica, para fortalecer la vigencia del movimiento armado de 1910 y los ideales, incumplidos en la realidad, a que dio lugar.

El cine no sustituye al folletón: elabora un relato donde el folletón es un precursor lejano, propicia la ficción de un pasado, de un organismo de tradiciones que, pese al impulso cardenista, opera como un refrendo de la moral porfiriana en donde quedan excluidas la política, la pobreza extrema, la crítica social y la sexualidad abierta.

En 1936, añade Monsiváis, México devasta el mercado latinoamericano con Allá en el Rancho Grandede Fernando de Fuentes. Contra la reforma agraria cardenista se promulga una utopía azucarada. ¿Su repertorio? Un Edén aún intacto, la figura simpática y humana del hacendado, el gracioso servilismo de los peones, la ronda incansable de palenques y guitarras. La hacienda porfiriana como eterno Rancho Grande.

El aparato de propaganda del cardenismo le dio gran importancia al cine y tal como se hizo en el caso de la radio, se explotaron al máximo sus posibilidades mediante un marco legal que otorgaba al gobierno facultades estratégicas para su manejo y dirección.

El Departamento Autónoma de Prensa y Publicidad tuvo facultades para dar una adecuada ‘orientación’ a la industria. Como era de esperarse, en el ambiente de libertad de expresión que privó en el cardenismo—pese a diversas medidas de control— se dieron agrias disputas sobre la censura ejercida, destinada, uno supone, a salvaguardar la moral y los valores nacionales y a fomentar la unidad en torno al proyecto político del cardenismo.

El DAPP produjo 12 películas e inició 8 más de tipo educativo y documental, con versiones en español, inglés y francés. Fue destacada la participación de directores y productores reconocidos para difundir el proyecto educativo y la campaña de unidad nacional, así como la defensa del indígena, a quien se trataba de incorporar a los planes culturales y económicos del régimen. Este medio también se utilizó como registro y difusión de las actividades y logros del presidente Cárdenas.

En la campaña de movilización que siguió al decreto expropiatorio del 18 de marzo, el DAPP llevó a las salas cinematográficas del país cortos con títulos como 18 de marzo de 1938; El petróleo nacional; Petróleo: la fuerza de México; México y su petróleo y Nacionalización del petróleo, en los que se reseña y exalta

La jornada expropiatoria mediante una técnica en boga en el cine de propaganda estadounidense y europeo. Eran los días en que en Hollywood los realizadores se preguntaban: ‘¿Esta película ayudará a ganar la guerra?’, mientras que el camarada Lenin declaraba al cinematógrafo el arte más importante y herr Goebbels (encargado de la imagen y difusión de los mensajes de Hitler) utilizaba la pantalla para inocular las neuronas del pueblo teutón con el tónico del nacionalsocialismo.

Puesto que la guerra total requiere de movilizaciones de masas, para los gobiernos democráticos es indispensable una maquinaria de propaganda para mantener la moral civil y militar. Y México, a su manera, había entrado en una guerra total, que sería de propaganda.

Es el caso de Nacionalización del petróleo, dirigida por Gregorio Castillo y narrada por Manuel Bernal, en donde con una interesante edición de intercortes se exalta el patriotismo, la mexicanidad, la energía, la fortaleza y el liderazgo —esto último con aterrizajes en la figura del general Lázaro Cárdenas— en momentos de grave peligro para la Patria.

De la misma manera que los aparatos de propaganda alemanes, norteamericanos e ingleses, el DAPP recurrió a directores reconocidos y a voces identificadas en el imaginario popular para llevar un mensaje eficaz. Castillo era un cineasta en ascenso (en los cuarenta dirigiría a María Félix) y Bernal, llamado “el más brillante locutor de la radiodifusión mexicana”, era un declamador que deleitaba noche a noche a los radioescuchas de la XEW, La voz de América Latina desde México.

Pero creo que he hablado más del cine mexicano que aquel que se hace en Hollywood, por ello he de señalar que los que abrieron brecha en Hollywood en aquella época fue Pedro Armendáriz, El Indio Fernández y Mario Moreno Cantinflas, llegando este último a ser muy popular entre los estadounidenses, incluso le produjeron una serie de caricaturas al personaje.

Hoy en día la punta de lanza fue Gravity (Gravedad) de Alfonso Cuarón, película que mereció el Premio de la Academia “El Oscar” y El Renacido de Alejandro González Irráritu, quien también obtuvo el preciado galardón, con todos sus honores.

Atrás de ellos están Diego Luna, apareciendo en películas de acción y ciencia ficción, Guillermo del Toro nos enorgullece con sus filmes fantásticos y varios más como los Bichir que van poco a poco dándose a conocer.

Es meritorio mencionar que los mexicanos nos destacamos en muchos campos: la ciencia, el arte, la literatura, el deporte, entre otras, pero ahora podemos tener un orgullo más como mexicano, el cine mexicano, que para muchos es un buen cine, o por lo menos lo es para mi.

Imagen tomada de iorigen.com

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