Nina Simone, la virtuosa del jazz

Por Pedro Venegas

Quisiera imaginar que pensaba en ese momento, con su mirada perdía en un lugar recóndito del infinito, mientras sus dedos se movían ligeros sobre el teclado del piano, como delfines en la mitad del océano, la luz tenue, las miradas fijas en ella, un público hipnotizado, inmóviles, con la respiración contenida, era la maestra y su voz de terciopelo… la mejor.

Seria e inexpresiva como siempre, mostraba en sus ojos una lágrima que no se animaba a caer, su voz eran latigazos para el corazón, había en su garganta el desgarrador sonido de la tristeza, esa voz que hace estremecer, una voz inigualable. La canción era Mañana es mi turno, y para esa canción no había otra voz más que la de Nina Simone, la virtuosa del jazz.

En cada palabra el dolor, una reflexión, una propuesta, un acto de rebeldía y el cálido hechizo de la música. Simone mostraba más que nunca el valor de su piel negra, de su rabia, se sus canciones de protesta. Su pelo grifo se acumulaba formando una corona en su cabeza, la de una reina quizá, los ojos con ese brillo tan peculiar que posee aquel que lo ha visto todo, que no le falta nada. Y claro que ella lo ha visto todo.

A Nina Simone se le conoce como la gran luchadora por los derechos civiles de las personas de ascendencia africana. Fue una cantante, compositora y pianista estadounidense de jazz, blues, rhythm and blues y soul. Intolerante ante la injusticia, tuvo problemas en muchas ocasiones. Eran épocas difíciles para la raza de color. Su lucha quedó expresada a través de sus canciones. El blues, principalmente, fue utilizado en esa época para contar historias y describir las injusticias que sufrían los negros por parte de los blancos.

Adopta el nombre artístico de Nina Simone en 1954, ya que su nombre real era Eunice Kathleen Waymon y pocos lo sabían. Cambia su nombre pero no lo hace por capricho, necesitaba un emblema, un escudo, un nombre que todos recordaran, un mote que sería como un sello, una bandera de protesta y libertad. Nina era el alias que le había dado un novio y Simone lo tomó de la actriz francesa Simone Signoret a la que había visto en la película Casque d’or.

Eunice Kathleen Waymon nació en Tryon, Estados Unidos, el 21 de febrero de 1933 y pudo probar el amargo sabor de la injusticia a los 10 años de edad al participar en un recital de piano en el que sus padres fueron levantados del lugar que ocupaban en primera fila para cederles el asiento a una pareja de blancos.

En esos años, la raza de color sólo podía hacer el trabajo rudo, pesado, sucio (sirvientes, nanas, jardineros, choferes, limpia pisos, cocineras, mecánicos, albañiles, carpinteros, entre otros) todo aquello que lo que los blancos no querían hacer; y su vida tenía sentido si servían a los blancos, a juicio de éstos. Había un fuerte racismo, en cualquier lugar donde estuvieran las personas de raza negra y llegaran blancos tenían que cederles el asiento, atenderlos, apartarse de su camino o retirarse si así se les pedía. El estado con más fuerte influencia en ese sentido era Mississipi, por eso cuando Nina Simone cantó Maldita Mississippi para los negros fue como un himno, un grito de libertad y para los blancos una ofensa.

En muchas ocasiones Nina fue perseguida, insultada y escupida por los blancos pero a ella nunca le importó, sus canciones tenían un objetivo más relevante que el deleitar a los blancos, era protestar por las injusticias que sufrían los negros. Viniendo de la boca de esta mujer, la invocación de la canción America Sweetheart era de hecho un gesto de celebración a la belleza de las mujeres negras. Fue tal el impacto de esta canción que sin importar que la cantara una mujer de color fue incluida en una campaña publicitaria de Chanel en 1987.

Podemos mencionar en esta remembranza para los conocedores de este tipo de música que el gran hit de The Animals, La casa del sol naciente, fue cantada mucho antes por Nina Simone, y si escuchan con atención la letra, también es un canto de protesta. Obviamente la versión de The Animals fue adaptada al estilo del grupo, es decir, el rock.

La voz potente de Simone denotaba su rango propio de tenor, se caracterizaba por su pasión, tenía una voz jadeante, sofocada, sin aliento, pero su potencia hacia vibrar hasta las estructuras más sólidas, por eso también le decían la Alta sacerdotisa del alma.

También los grandes tienen ídolos y para Simone no hubo artista más importante e influyente en su vida artística que Duke Ellington, de quien tomo acordes, tonos, armonías y es patente en toda su obra, pero muy especialmente en cierto tipo de composiciones rebosantes de improvisación y de cercanía espiritual.

Y si vamos a hablar de ídolos, de ideologías dominantes, que marcan la pauta, el camino en la vida, tenemos que mencionar a Martin Luther King (símbolo de la lucha social por los derechos de los negros), quien fue profundamente admirado por Simone, tanto que cuando lo asesinaron ella dejó Estados Unidos en dirección a Barbados en 1969, hastiada de la segregación racial contra los afroamericanos.

No hubo dolor más grande que la pérdida del pastor baptista estadounidense, defensor de los derechos civiles. Para Nina Simone, Luther King daba un gran ejemplo con su larga lucha por alcanzar la plenitud de los derechos de los norteamericanos de raza negra. Su acción no violenta, inspirada en el ejemplo de Gandhi era lo que más admiraba ella y su poder de convocatoria que lo llevo hasta culminar en el verano de 1963 en la histórica marcha sobre Washington, que congregó a 250 mil manifestantes, un record aún para nuestros tiempos.

Tiempo después la cantante y amiga de Nina, Miriam Makeba, la convenció para ir a vivir a Liberia. Posteriormente residió en Suiza y Holanda antes de establecerse en Aix-en-Provence, en el sur de Francia, en 1992. En ese mismo año, ansiosa por que el mundo la escuchara, que supiera de su pensamiento, de su lucha, apareció su autobiografía titulada Puse un encanto en usted.

A pesar de su condición de mujer de color, la artista sobresalió y fue una de las estrellas más concurrentes a festivales. El 24 de julio de 1998, Nina Simone fue la invitada especial en la fiesta del 80 cumpleaños de Nelson Mandela. El 7 de octubre de 1999 recibió un premio a sus logros artísticos de toda una vida, en Dublín, lo que la hizo ser grande entre las grandes.

Nina Simone fue la voz de un movimiento, la mujer de raza negra que nunca se dejó, mujer protesta, mujer icónica, ecléctica, la única mujer cuya voz llamó a los espíritus de la travesía del Atlántico, del canto de los negros, de quitar y romper el látigo del capataz, de la espuela en el costado, del golpe del amo, de esa fruta quemada colgando de los árboles del sur, del insulto contestado, del golpe por golpe. Murió como los justos, mientras dormía, en Carry-le-Rouet, Francia, el 21 de abril de 2003, descansa en paz Nina Simone, la virtuosa del jazz.

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