Ryszard Kapuscinski, el vocero de África

Por Pedro Venegas

 “La verdad os hará libres”

Del santo Evangelio según San Juan 8, 31-42

 A propósito del recién celebrado Día Internacional del Periodista (9 de septiembre) quiero ejemplificar y honrar a uno de los grandes del periodismo, a un hombre que por el amor a su profesión casi muere, que fue criticado y amenazado, que vivió en carne propia el dolor, la incertidumbre, la desolación y el abandono, todo ello lo llevo a ser un ejemplo para todos los demás de su género y hoy en día sus libros siguen dando muestra de lo que es escribir y hacerlo bien, y a pesar de su muerte seguir siendo “el mejor entre los mejores”.

Pocos periodistas logran trascender a través de su obra haciendo que ésta sirva para transformar un entorno o una circunstancia dentro de un país y más aún de un continente. Eso es lo que buscó, con objetividad y pasión, uno de los grandes del periodismo mundial: Ryszard Kapuscinski.

De origen polaco, fue un hombre apasionado por el periodismo. Tanto que dejó a un lado su carrera de historiador para encontrar años después su segunda pasión: África. A ese continente dedicó varios de sus más importantes trabajos e hizo que el mundo conociera la verdad del  llamado “continente negro”.

Personaje con enormes inquietudes, Kapuscinski fue además escritor, ensayista y poeta. Nació en Bielorrusia (en aquel entonces parte de Polonia) el 4 de marzo de 1932 y desde muy pequeño demostró su gusto por la lectura; mientras los otros niños jugaban él se dedicaba a leer. Tal vez quería recuperar el tiempo pues no leyó un libro sino hasta los 12 años; eso no lo detuvo para escribir, cinco años más tarde, su primera obra de poesía.

El Maestro, como también se le decía, sufrió en su infancia las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, que marcaría el tono de sus escritos. Aunque estudió Historia en la Universidad de Varsovia, finalmente se dedicó a lo que sería su gran pasión: el periodismo.

Pronto fue destacando en su carrera. Escribió para el Time, The New York Times, el Frankfurter Allgemeine Zeitung, e incluso La Jornada, de México. Inquieto por desarrollarse, alternó su profesión periodística con la actividad literaria y ejerció como profesor en varias universidades donde fue reconocido por su labor como formador de escritores.

De 1954 a 1981 fue miembro del Partido Comunista polaco. En 1964, tras perfeccionar sus habilidades para reportar asuntos locales, fue designado por la Agencia de Prensa Polaca (PAP, por sus siglas en polaco) como su único corresponsal en el extranjero, actividad que le permitió viajar por los países en vías de desarrollo. Desde ese visor, reportó guerras, golpes de Estado y revoluciones en Asia, Europa y América; incluyendo La guerra del futbol.

Este reportaje que da título al libro, narra la guerra entre Honduras y El Salvador, conocida con ese nombre, cuyo detonante fue un partido de futbol entre las selecciones de ambos países, eliminatorio para el mundial de México en 1970.

Con los años y basado en su experiencia, fue maestro también de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada y presidida por Gabriel García Márquez.

Ébano, obra cumbre de Ryszard Kapuscinski, fue escrita en el año 2000. Deseoso de conocer la problemática de África desde sus entrañas, se sumerge en el continente buscando lo desconocido, hace a un lado los lugares comunes y estereotipos de selva y animales salvajes para observar lo que nadie había visto hasta ese momento: el hambre, la miseria y la muerte.

Vivió en las casas de los más pobres, repletas de cucarachas; enfermó de malaria cerebral, corrió peligro de muerte a manos de los guerrilleros, pero pese a todo no perdió su mirada lúcida y su voz de gran narrador para adentrar al lector en la compleja realidad de África, con las guerras, miseria e injusticia que atraviesan su historia y lastran su precaria circunstancia hasta nuestros días.

África significó para él un reto que casi le cuesta la vida. Quiso dar a conocer al mundo el continente duro y salvaje a través de sus guerras civiles. Kapuscinski explicó la forma como el continente iba ganando independencia, con todas sus dolencias y cicatrices de enfermedad y pobreza.

Con Ébano, el periodista obtuvo el Premio Viareggio (prestigioso galardón literario italiano) y otros laureles más. Este trabajo le valió ser reconocido por muchos como el mejor reportero del Siglo XX.

En los 70, escribió un libro que se convertiría en un símbolo de esta actividad en aquella época, donde señala y critica a aquellos que usan al periodismo como negocio y no como profesión: Los cínicos no sirven para este oficio. Fue una obra modelo para los periodistas contemporáneos de Kapuscinski. En ella conjunta entrevistas y conversaciones, moderadas por María Nadotti, que dejan ver el lado humano del entrevistado.

Sobre el mismo tenor escribió Los cinco sentidos del periodista, en el cual recoge principios básicos de periodismo, con base en los talleres que impartió en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Algunas de sus obras fueron: El Emperador, que versa sobre el emperador Haile Selassie, de Etiopía; El Sha, acerca de la época del Shah Mohamed Reza Pahlevi, de Irán; El Imperio, con el cual hace un registro testimonial de los viajes y contactos del autor con la ex Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas; Lapidarium IV, donde se compilan fragmentos de reportajes y pensamientos.

Fue condecorado en varias ocasiones y recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el 2003, resultado de “su preocupación por los sectores más desfavorecidos y su independencia frente a presiones de todo signo, que en ocasiones han tratado de tergiversar su mensaje”, según declaró el jurado.

También le otorgaron el mérito doctor honoris causa varias universidades: la Universidad de Cracovia, la Universidad de Gdansk, la Universidad de Silesia en Katowice, la Universidad de Wroclaw, la Universidad de Barcelona y la Universidad Ramon Llull. Además,  obtuvo el Premio Literario Elsa Morante en el 2005. Fue nombrado miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes.

El hombre que concedió al mundo la verdad sobre África falleció el 23 de enero de 2007, a los 74 años de edad, a causa de un paro cardiaco después de una operación por cáncer.

A través de sus escritos, Ryszard Kapuscinski envió al continente africano, y al mundo entero, el mensaje sabio que encierra aquella frase: “La verdad os hará libres”, y de alguna manera así fue.

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