Stephen Hawking, el genio científico que reconoció la existencia de Dios

Por Pedro Venegas

“Solo somos una raza de monos avanzados en un planeta más pequeño que una estrella promedio. Pero podemos entender el universo, eso nos hace muy especiales”.

Stephen Hawking 

Puede usted imaginar la diminuta partícula que somos en el universo, cuántos planetas lo conforman, y que estamos cerca de algo que mencionan como los agujeros negros, el polvo cósmico, la teoría del Big Bang, entre otros conocimientos, pues todo fue investigado y demostrado por un genio de la física, que a pesar de sus deficiencias de salud logro ser grande entre los grandes.

La madrugada de este miércoles (14 de marzo) Stephen William Hawking, ha partido. Dejo este mundo en su casa de Cambridge, cuyo legado es una enorme y clara huella de conocimiento. Esta es la historia del más famoso astrofísico de la Gran Bretaña, un genio para el mundo, que a sus 76 años de edad y con una inmovilidad de casi el 100 por ciento de su cuerpo, buscó demostrar al resto de la humanidad que una incapacidad no es pretexto valido para no triunfar en la vida.

Su historia inicia como la de cualquier estudiante, con ilusiones, proyectos, enamorado de una bella joven, su primera esposa, y recibiendo a los 22 años de edad la terrible noticia al diagnosticarle una esclerosis lateral amiotrófica, ELA, enfermedad neuromuscular degenerativa y mortal por lo cual los médicos le dieron solo dos años de vida.

Hawking nació en Oxford, Reino Unido, el 8 de enero de 1942. Estudió matemáticas y física en el University College de Oxford, donde se licenció en 1962 y al año siguiente, a los 22 años de edad, su enfermedad había llegado a un grado crítico, sin embargo, en 1966 se doctoró todavía en el Trinity Hall de Cambridge.

Una vez doctorado, participó en un sin número de festivales y conferencias con expertos y alumnos  después de haber logrado las más grandes hazañas, y la primera, la principal, sobrevivir a una enfermedad tan grave que hace mucho pero mucho tiempo lo hubiera matado.

Fue degenerándose su salud como el polvo cósmico del que hablaba en sus libros cuando mencionaba los mini agujeros negros, se agravó con el paso de los años hasta dejarlo casi completamente paralizado, y lo forzó a comunicarse a través de un aparato generador de voz que le fue aplicado a través de una traqueotomía en 1985, aunque todos estos daños físicos no le han impedido progresar en su actividad intelectual.

Por motivos desconocidos, posiblemente por la voluntad de Dios, al que Hawking menciona en sus obras “comercialmente” pero no cree en su existencia, es de las pocas personas en el mundo que han sobrevivido muchos más años de los esperados, aun padeciendo el progresivo avance de la discapacidad.

La primera esposa de Hawking, Jane Wilde, declaró públicamente durante el proceso de divorcio que él era ateo pero que citaba muchas veces a Dios en sus libros con fines comerciales. En efecto, Stephen Hawking utiliza repetidamente la palabra Dios en su discurso público de divulgación científica, pero ha explicado que lo hace en sentido meramente metafórico. “No soy religioso en el sentido normal de la palabra. Creo que el Universo está gobernado por las leyes de la ciencia. Esas leyes pudieron haber sido creadas por Dios; pero Dios no interviene para romper las leyes”, afirmó el científico.

Conforme pasaron los años, poco a poco fue perdiendo también la fuerza del cuello para mantenerse con la cabeza erguida; con todo esto su movilidad se hizo prácticamente nula. La silla de ruedas que utilizó en público era controlada por un ordenador que manejaba a través de leves movimientos de cabeza y ojos, que también le permitió seleccionar palabras y frases en su sintetizador de voz. Por increíble que parezca, en una demostración de “salud”, Stephen Hawking fue capaz de corretear a una enfermera con su silla de ruedas, claro, nunca la alcanzó, aunque al final de cuentas se convirtió en su segunda esposa.

Se casó en dos ocasiones y tuvo tres hijos, enfermo sí pero con ánimo de preservarse. A lo largo de su carrera alcanzó éxitos de ventas con sus trabajos divulgativos sobre ciencia, en los que discute sobre sus propias teorías y la cosmología en general; estos incluyen A Brief History of Time, que estuvo en la lista de best-sellers del The Sunday Times británico durante 237 semanas, siendo uno de los libros más leídos.

Tuvo varias crisis, una de las más relevantes, el miércoles 20 de abril de 2009 se informó a la opinión pública que Hawking había sido internado “muy enfermo” en un hospital de Cambridge. Unas pocas horas después de conocerse la noticia, fue tal la respuesta de la gente que se vieron obligados a omitir sus contenidos temporalmente para evitar una caída del servidor. Al día siguiente, 21 de abril, se informó de su mejoría y la posibilidad de su pronta recuperación era total, sin duda, “un consentido de Dios”.

Su interés científico se centró en el campo de la relatividad general, en particular en la física de los agujeros negros. En 1971 sugirió la formación, a continuación del Big-Bang, de numerosos objetos, denominados “miniagujeros negros”, que contendrían alrededor de mil millones de toneladas métricas de masa, pero ocuparían solo el espacio de un protón, circunstancia que originaría enormes campos gravitatorios, regidos por las leyes de la relatividad.

Fue miembro de la Real Sociedad de Londres, de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Fue titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge hasta su jubilación en 2009.

Entre las numerosas distinciones que le han sido concedidas, Hawking ha sido honrado con doce doctorados honoris causa y ha sido galardonado con la Orden del Imperio Británico (grado CBE) en 1982, con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1989, con la Medalla Copley en 2006 y con la Medalla de la Libertad en 2009 ¿Faltaría alguna? Era toda una institución.

En Stoke Mandeville (8 de noviembre de 2016), cuna del paralimpismo, se puede recordar las múltiples hazañas de cuatro mil 200 atletas, hombres y mujeres, que representaron a 166 diferentes naciones en 21 disciplinas, mismos que ingresaron al Parque Olímpico para realizar sus proezas de espíritu ante los más de 60 mil espectadores de varias partes del mundo y podrá recordar que junto con estos gigantes estuvo el más grande, el campeón de inteligencia y espíritu, Stephen William Hawking, quien se convirtió en un genio de olimpiada.

Hoy ha partido, y su recuerdo más allá de su imagen empotrada en una silla de ruedas, nos deja aquella anécdota en la que después de dar toda una gran y científica explicación de la creación del universo concluyó diciendo “sin embargo, todo debió ser creado por la obra de un ser supremo (por la mano de Dios)”, y en eso, como en lo demás, nunca se equivocó.

Imagen tomada del sitio www.nanduti.com.py

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