#AgaveTour, un camino hacia Tlaxcala

Llegamos al amanecer. Bajé del autobús y el olor del campo me terminó por despertar. Pisaba ya suelo del estado de Tlaxcala. No es un estado muy provincial, tampoco industrial o de grandes edificios, pero Tlaxcala tiene una magia que envidiarían otras entidades. Magia que te atrapa y no te suelta. Magia que te obliga a regresar y pronto. Tlaxcala es como un semillero ciertamente pequeño, pero de donde brota mucha energía y calidez. Es la calidez y la alegría desbordada de todos los lugareños. Está vez estuvimos en zonas al aire libre en contacto pleno con la tierra húmeda, viva y productiva.

Llegamos a la Hacienda de San Francisco Tecoac como parte de un recorrido titulado “Agave Tour”, campaña de difusión impulsada por la Secretaría de Turismo del gobierno del estado. Lo primero que me impactó fue conocer a lo lejos al Volcán Malintzi. Debe ser primo hermano del volcán Popocatépetl. La Malintzi también está a más de 4 mil metros de altura. Vi su cúspide a lo lejos y nos dispusimos a observar el tamaño de la Hacienda de San Francisco. Es una hacienda pequeña, milenaria, pero la que más le está apostando a renacer el comer y el vivir en una lugar surgido en la época porfirista.

Cualquiera esperaría ser recibido con un desayuno provisto de café y pan, de chilaquiles con bistec o huevos ahogados, pero no. Comenzó el ritual. Karen, una lugareña de tez morena, alta y de voz enérgica nos llevó a hacer un ritual.  A todos. Dijo que íbamos a pedir “permiso a los guardianes de estos rumbos” y así fue. Todos. Pedimos permiso “para recibir los beneficios de la Madre Tierra”. Todos los rumbos de Tlaxcala fundaron su creación en la explotación de los productos de maíz y del maguey.

Luego del ritual, pudimos conocer por primera vez en la vida el sabor del aguamiel. El encargado de extraer el aguamiel nos lo sirvió en vasos pequeños. Nos explicaron que estos productos del maguey se obtienen durante seis meses aproximadamente. El ingeniero agrónomo José Espino Barba dio una cátedra de todo lo referente a la vida y obra de los magueyes. Luego probamos tacos con salsa de jitomate. Y luego un primer acercamiento con los curados de pulque. Aquello fue la primera verbena. Aparecieron los tamales y se agotaron.

En eso estábamos cuando nos llamaron a conocer como se prepara un recorrido en globo aeroestático. El globo ya rugía listo para despegar. Nos explicaron que en esta hacienda también se promueven estos paseos por las alturas de este valle. Siempre frente al volcán Malintzi.

Vino entonces el ingreso por una de las estradas de la hacienda. Vino la repartición y la degustación de curados de pulque, de fresa, mango y otras frutas. Vino entonces la primera revelación que fue el que la dueña del lugar, doña Lourdes reveló algunas de sus recetas secretas, porque la “Hacienda San Francisco Tecoac es donde los secretos se comparten”.

Doña Lulú estuvo auxiliada por meseros y muchas cocineras. Incluyendo a la señora Consuelo Rodríguez, dueña de la “Pulquería de la Tía Yola”. Pues volaron los curados.

Luego de ello, la señora Lulú y su hijo Sebastián Espino nos invitaron a recorrer otra zona de la hacienda, ahora para recorrer una pequeña exposición y así conocer el arte popular de esta región del país. Para quien ha ido a Huamantla, sabe que en esa zona centro cada año, en agosto para ser exactos, se elaboran tapetes kilométricos en prácticamente todas las calles por donde pasara la Virgen de la Caridad. Bueno, pues en la haciendo pudimos ver cómo se le da color a la arena y al aserrín con el que se diseñan estos tapetes del tamaño de una calle.

También pudimos conocer los productos elaborados con madera, los molcajetes de todos los tamaños. Pudimos ver productos de madera en miniatura; canastas; petates, bordados a mano, máscaras de carnaval, figuras decorativas, alebrijes, sarapes de lana, así como barro vidriado y cerámica de talavera. Nos invitaron pan dulce, no elaborado con azúcar sino con piloncillo. En fin, en esta pequeña exposición también hubo una degustación de vino y además había dulces derivados del nopal, mermeladas, licores y miel de maguey.

Nos invitaron a pasar a la mesa. Pero antes de comer, la actriz Zyanya Mejía Nambo, quien es narradora oral escénica del “Rincón de Cuentería pronunció un monólogo. Narró así una leyenda viva que surgió en esta hacienda, en este suelo que todos pisábamos. Como estarían las cosas que en los ojos de doña Lulú el llanto hizo acto de presencia.

Luego de este momento muy emotivo nos sirvieron de comer sopa de calabaza con un sabor excepcional, luego arroz, luego lechón, mole, nopales, quesadillas de escamoles y todo súper sazonado, en su punto como dicen los chef. Y no podían faltas las tortillas hechas a mano y tampoco las aguas frescas de mango y limón con pepino. Ya no hubo curados de pulque pero sí quien apuntó la receta de estos platillos porque en la Hacienda San Francisco Tecoac, los secretos se comparten.

Al cabo un rato, seguimos el recorrido en autobús hasta otro lugar lleno de secretos y de atracción: el Molino de los Reyes, un exclusivo hotel boutique y restaurante. En ese lugar, también hicimos el segundo alto en el camino, pues Juan Manuel Varela, gerente de este lugar, nos contó secretos, tales como que el dueño compró este predio en honor a que aquí se enamoró de una mujer y que al paso de los años, cuando ya tuvo dinero, pudo comprar este predio y fundar este acogedor restaurante, un lugar enclavado, pero no por ello menos interesante y emblemático.

En el Molino de los Reyes, Juan Morales Puma, dueño de la firma de bebidas “Arrabal” dio una detallada degustación de la Zalmiana. Pero ¿qué es la Zalmiana? Ni más ni menos que el mezcal estilo Tlaxcala. Son productos elaborados en esta región, son bebidas destiladas de las llamadas bebidas de “alta gama” y aunque de momento sólo se consiguen en municipios del estado de Tlaxcala, próximamente está anunciado su lanzamiento nacional e internacional.

Estar sentado en una de estas mesas de restaurante, a media luz, te permite trasportarte a esa época en la que fueron escritas cartas de amor para la gran amada. Insistimos en que es un restaurante pequeño, pero no menos acogedor. Está rodeado de una caída de agua, de una cascada, dado que en sus orillas pasa un río. Cuenta con cuatro habitaciones, las cuales en las próximas semanas estarán abiertas al público. Y la joya de la corona, cuenta con una pequeña zona con el césped mejor cuidado de la región. Bueno, como sentirse que pisas un estadio de futbol perfectamente cuidado. Es zona verde del más verde posible. Bonito y bien agradable pisar este terreno.

Salimos de ese pequeño semillero de alegría y optimismo. Ahora tenemos cita en fecha próxima para ir al santuario de las luciérnagas en el municipio de Nanacamilpa, también en Tlaxcala, también bajo la mirada impactante del volcán Malintzi.

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