Sabina, siempre Sabina

Por @galindoenlinea

Es el mismo de siempre, quizá mejor que nunca. Bromista, entero, flaco, con más barba y lentes negros para que no se vea el golpe que dice haberse dado en San Luis Potosí. Es un personaje que siempre extrañamos, que siempre ayuda a cantar los dolores, los olvidos, los amores, los recuerdos que fueron o que son o que nunca estuvieron.

El humor forma parte de su esencia, rockero tan Dilan, como ranchero a la Jose Alfredo. Es Joaquín Sabina y sus amigos, sus fieles 5 que siempre lo acompañan, que cantan sus canciones en el intermedio, que bromean con él mientras recuerda que lo han aguantado “más que cualquiera de sus mujeres”.

Sus seguidores temían por momentos que no se presentara en el coloso de Reforma, no quedaba claro, salvo por el mensaje que de su estado salió por redes sociales. Él lo confirmó, que no podía faltar a la cita menos si estaba anunciado en el Auditorio Nacional.

Sabina recuerda, sabe que México siempre lo recibe, siempre lo ovaciona, lo canta, le llena la plaza, canta todo, canta todas, nuevas y las clásicas: las que dan “las diez y las once”, la Magdalena.., 19 días y 500 noches, todas las historias que tengan que ver con cada seguidor que no pierde tiempo y  grita, corea y repite los versos. Sabina también aplaude la respuesta de México y sigue cantando.

La noche se prolonga entre versos y halagos a México, a Ángeles Mastreta a quien esta vez no pasa al escenario pero si le dedica “Peces de la Ciudad”, a Chavela Vargas, a José Alfredo, es una noche muy “Sabina” pero también muy de México, en donde recuerda que “un imbécil quiere poner un muro” entre México y EU y confirma de qué lado se quedaría, en ese México que no lo deja.

Los “sabineros” le gritan que lo esperan en El Tenampa, el legendario rincón de los grandes cantantes rancheros, de donde hasta hace algunos años, tampoco Sabina salía hasta pasada la madrugada, las madrugadas.

Recuerda también a Gabriel García Márquez, a su frase que le dijo ya avanzado en edad: “hace tiempo que no me hago caso”, que canta Mara Barros con su voz que también retumba en el Auditorio.

En la noche que avanza la música sigue, los recuerdos se quedan, reviven, caminan entre ese bulevar o la chimenea, o en la canción ‘de los buenos borrachos’. No hay canción que alcance para terminar de compartirse entre el público que lo quiere más tiempo, le aplaude, se pone de pie, baila, escucha y repite versos, graba el momento, hace de todo en esta noche que casi acaba, que nunca acaba.

Sabina sale una, dos, tres veces al escenario y sigue su encuentro con los que le piden más canciones, las que faltan, las que se saben, las que han repetido con él una y otra vez en cada visita, en cada concierto, en cada fiesta que se vuelve permanente, completa.

Es Sabina que se va sin querer irse, que camina a despedirse contento, acompañado, agotado, dispuesto a seguir el camino de regreso con este México que no lo deja, con el que se queda.

 

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