¿Y a los niños quién los protege?

Dr. Luis David Fernández Araya

Podrán argumentar lo que quieran los que forman parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que la reforma educativa tiene todo menos estar destinada a la educación, que es una reforma laboral, que se transgreden sus derechos, que mientras no se derogue la reforma educativa seguirán las marchas y los bloqueos, que podrán seguir “trasquilando” a quienes no marchen con ellos, que seguirán afectando la economía de las zonas bloqueadas, que es una reforma para que se termine la gratuidad en la educación y se cobren hasta los útiles escolares, que al final se va privatizar a la educación….

No, lo que menos les importa son los 27.4 millones de niños y niñas de educación básica que deben estar arrancando el presente ciclo escolar, no, a ellos y ellas les interesa los privilegios que todo mundo sabe que tienen pero se han resistido a renunciar.
Al final de todo el tema educativo lo que menos les interesa son las y los niños, y esto es un despropósito de todo tipo, particularmente económico porque con ello le están coartando a estos niños y niñas la posibilidad de acceder a un mejor futuro, abonan para que no puedan salir de esa espiral de pobreza en la que muchos están inmersos, se pudre su esperanza, se continúa alimentando los círculos de escases y de miseria. Quienes se dicen defensores de la educación, los de la Coordinadora, están dejando pasar la oportunidad de brindarles a nuestros niños y niñas una opción mejor. Muchos de los padres y madres de familias lamentablemente crecieron bajo condiciones de pobreza y los que encabezan la Coordinadora cargarán en su conciencia haber engrosado las filas de la miseria, del desempleo, de analfabetas, paradoja absoluta de nuestros días: los propios maestros terminarán por coartarles las posibilidades.
El gobierno federal sabía de antemano que habría resistencia, que no resultaría sencillo, eran costos calculados para un gobierno con un papel reformador, pero si hoy se puede obtener una conclusión de todo lo acontecido, es precisamente que la resistencia no ayuda al objetivo principal de cualquier sistema educativo.
Basta con preguntarle a cualquier madre o padre de familia de los estados donde la resistencia ha sido mayor, donde muchas escuelas permanecen cerradas, si comparten que sus hijos dejen de asistir a la escuela por una serie de argumentos que quienes lo encabezan tampoco lo entienden.

Habría que esperar si están a favor de coartarle el ciclo escolar a sus hijos, la oportunidad del aprendizaje, de contar con más opciones. 

Por eso es inevitable concluir que al final, a la Coordinadora lo que menos les interesa es la educación como vehículo para arribar a mejores oportunidades de desarrollo personal y de país. 

En todo caso usan el chantaje y condicionan el dialogo con las autoridades, anteponiendo todo, menos a los niños y niñas mexicanas.

*El Autor es Economista Doctorado en Finanzas, Profesor Investigador de Varias Instituciones Públicas, Privadas y Funcionario Público.

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