Analizarán Iglesia e @IMDOSOC rezago laboral del país

Obispos de la Iglesia Católica y el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana se reunieron para iniciar un análisis sobre los problemas de desigualdad y precariedad laboral e México en lo que llamaron el inicio de las Jornadas Sociales.

A la luz de la Encíclica Rerum Novarum escrita y presentada hace 125 años por el entonces Papa León XIII y que es el documento con el que la Iglesia Católica iniciara formalmente el Magisterio Social de la Iglesia, es decir, la aplicación práctica del Evangelio en la economía, la política, formación de comunidad y participación social será que se reforzarán estas jornadas.

Cabe señalar que en México, la encíclica vino a despertar la conciencia de los católicos sobre diversos problemas sociales.

Mediante una treintena de Congresos Católicos, Congresos Agrícolas y Semanas Sociales, se impulsó el compromiso, participación y organización de los católicos a nivel nacional en movimientos de campesinos, sindicatos, cooperativas, cajas de ahorro, periodismo e incluso en la política, llegando a influir en el reconocimiento de derechos fundamentales de los obreros en el art. 123 de nuestra Carta Magna en 1917.

Sin embargo ahora, consideran la Iglesia y el IMDOSOC una necesidad actualizar el mensaje de fondo de la Rerum Novarum, frente a los problemas que enfrenta nuestro país en materias como  si ¿Se sigue viendo al trabajador como una mercancía negando su dignidad fundamental de ser persona? ¿Existe realmente el derecho de los trabajadores a asociarse de manera libre? ¿Se ha erradicado el trabajo infantil?

O bien, considerar si ¿Existe igualdad de oportunidades para las mujeres trabajadoras? ¿Todos los mexicanos gozan de un salario justo? ¿La seguridad social y el sistema de pensiones responden a las necesidades de los trabajadores? ¿El actual sistema político y económico es la causa de pobreza y degradación de los trabajadores?

Según el documento emitido por ambas instituciones, a pesar de los grandes avances tecnológicos, la problemática de los trabajadores, así como la falta de oportunidades, ponen a un gran sector de la población en situación de vulnerabilidad.

“En México el 1% de la población más rica tiene el 21% del ingreso total, mientras que hay más de 55 millones de pobres, de ellos 11.4 millones en extrema pobreza, lo que demuestra la desigualdad y la falta de oportunidades, especialmente a nivel laboral”, advierte.

Además, “el ambiente de corrupción, impunidad y violencia, los bajos salarios, los problemas de seguridad, vivienda, educación, el incremento del desempleo, el empleo precario, la economía informal con sus graves consecuencias, el sistema de salud, las jubilaciones y pensiones inciertas y precarias; así como la fuerte desconfianza social hacia los gobernantes, políticos y sindicatos; son retos fundamentales para lograr una sociedad justa y en paz”.

Como Iglesia, se reconoce que esta situación injusta no puede continuar, necesitamos vivir una impostergable renovación en la sociedad, bajo la clave de la esperanza, la amistad cívica y la cultura del encuentro. Sabemos que el bien como la esperanza y la solidaridad, deben promoverse.

Es urgente que el bien común sea una aspiración y una realidad, que tengamos una economía incluyente y una democracia verdaderamente participativa que reduzca significativamente la desigualdad social y económica. Como lo ha señalado el Papa Francisco en varias ocasiones “La desigualdad es la raíz de los males sociales”. 

En este sistema injusto, marcado por la cultura del descarte, que sacrifica a los que menos tienen, tenemos que alzar la voz y trabajar para cambiar esta realidad que sólo privilegia un sistema individualista y egoísta que niega la solidaridad.

La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, nos compete a todos, ya que de lo contrario podría llevarnos a nuevas y más profundas crisis. ¡Urge promover una sociedad más participativa y responsable!

Estamos a tiempo de reparar las graves injusticias que vivimos, estamos a tiempo de crear relaciones sociales más justas. Tenemos que decir no, a un sistema de exclusión e iniquidad, de violencia y desprecio por los más débiles. Tenemos que decir no a una economía y a un sistema político que mata. No podemos mantenernos indiferentes ante la realidad. Para poder trabajar en ello se requieren espacios de reflexión, análisis y generación de propuestas.

“La única pretensión que tiene la doctrina social de la Iglesia es velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales… nos ayudará a todos a no perdernos en el mar seductor de la ambición”, nos recordó el Papa Francisco en Ciudad Juárez; lo que nos compromete a obispos, laicos y personas de buena voluntad a conocer, profundizar y sobre todo vivir el Pensamiento Social Cristiano, que responde a las “cosas nuevas” que significan un reto para vivir el bien común.

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