Una pizza sabor “Decepción”

Por @galindoenlinea

Este fin de semana fue aleccionador en temas de decidir a quién quitarle la posibilidad de ser una opción cuando un sábado por la noche, la recurrente lluvia y tráfico complicado no son suficientes razones para  que te impidan salir a comprar algo para cenar y cerrar así un sábado como cualquier otro.

En eso que las abuelas le llaman el “sexto Sentido” descargué la aplicación de Pizza Hut para pedir uno de esos paquetes que francamente no tenía muy claro que tenían pero que regularmente quien tiene ganas de vender y de “alcanzar la satisfacción del cliente” busca de manera innata o a base de entrenamiento permanente.

Al menos esa es la lógica de alguien que los buscaba de vez en cuando, por teléfono. Tampoco me asumo como un seguidor absoluto de este servicio de pizzas, aunque si, digamos ocasional.

Insisto en esas “preventivas” que van directo al estómago cuando algo puede salir mal y no haces caso. Una vez que descargué la aplicación, llené mis datos , leí las “políticas de privacidad”, etc, etc, quedé registrado y busqué la tienda más cercana desde la APP.

Una y otra vez insistí en buscar la tienda de mi zona (la lógica me decía que si por teléfono me daban el servicio ahora en una costumbre que he adoptado de los ‘millenial’s’ asumí que sería más rápido, sin embargo la aplicación volvía a decir, una y otra vez: “esta zona está fuera de cobertura”.

No lo pensé más y me dirigía a la sucursal que está del otro lado de Periférico, aquí en la Ciudad de México en la zona sur para ser más exactos, con la amenaza de un segundo tormentón, llegué hasta el local y la suerte estaba echada.

En un letrero grande había un paquete, ahora veo que es el del momento, pasaron dos o tres minutos y contando y entonces quien no tuvo tiempo de saludar, la encargada en turno, esbozó un gesto de “mmm otro que viene” e iba y venía de un lugar a otro y entonces sentí que la tragedia de la pizza podría pasar.

Le di tiempo, me di tiempo para encontrar la mejor opción, ya pasadas las 21:00 horas alcancé a ver una carta de opciones de pizza bastante desgastada y con instrucciones confusas, precios que se ve han ido sobre encimado con el tiempo, descuidada y sin mucho que ofrecer para un comprador despistado que espera la acertada orientación del vendedor, misma que nunca llegó.

Los minutos pasaron y por fin llegó un “permítame”. “Tengo más tiempo para ver si hay algo más interesante”, me dije, pero no encontré salvo la clásica ‘Meat Lover” con orilla de queso que ahora tiene como unas tres versiones, mismas que lo único que queda claro es que una es más cara que la otra.

Recordaba -para reforzar las intenciones de compra- aquella leyenda del queso en las orillas de la pizza, que fueron mi hit en su momento, pero preferí aventurarme y esperar a la -a esas alturas- mal encarada e impaciente cajera que por fin suspendió algo que asumo la traía absorta, distraída o atareada, qué se yo. ¡Yo sólo quería tener una buena elección de pizza sabatina!

Esa misma señal del estómago regresó ahora con más fuerza y con un “vale m…, ésta anda de malas”, mantuve mi sonrisa de “no se preocupe, aquí estoy para encontrar una razón de su malestar, total el aguacero ya se soltó y tendremos tiempo…”

Impaciente, francamente de malas, me preguntó lo que había decidido. Ante mi indecisión alcancé a sugerirle  “tal ves una Meat Lover, pero creo que necesito su ayuda para conocer alguno de los paquetes de promoción del momento como para tomar la decisión”.

Esbozó un “a veeeer, mire pues ésta está”, señalando con su delgado y firme dedo una parte de la carta, “pero si usted la cambia le cuesta 40 pesos más, o sea 300 pesos”. Siendo estrictos con la suma daban 289, pero eso a esas alturas y su “a veeer”, ya habían roto cualquier protocolo.

Ya de por sí la pizza que no me convencía, su insolencia, el aguacero, su tono de “mmta mad..” y mi convencimiento de “qué diablos hago aquí” sumaron a mi decepción por no prestar el menor interés por “la tan llevada y traída satisfacción del cliente”.

Razones para su actitud, que empeoró con el tiempo, podrían justificarse, aunque francamente no. Hay mucho que hacer por alguien que tal vez harta de un día, de una semana o de una vida pierde el sentido de servicio.

Si sumamos su confusa manera de llegarle al público en una carta de servicios olvidada, una cajera malhumorada y que la pizza “Hutcheese MeatLover” resultó estar como dicen en mi pueblo “masuda” y bastante desganada, concluí un: “¡Nunca Más!, si me va costar este ticket, que se haga, pero aquí no regreso”.

Concluyo en mi lamento por saber que hay empresas que pierden su encanto y preocupación por el cliente. Hoy las marcas, las empresas, se desviven por el sentir del cliente, por mantenerlo, porque “su comunidad” se case con ellas.

Creo que hoy Pizza Hut vive un mal momento, un botón es suficiente para una muestra que esta vez me tocó a mí, pero que minutos después de ese mal momento, un grupo de jóvenes se toparon con la misma circunstancia, las mismas respuestas contaminadas de desánimo y la misma actitud de alguien, que dicho sea de paso, no captó seguramente el mismo gesto que vi reflejado en este par de jóvenes que preguntaban y no encontraron “la respuesta”, aunque terminaron por comprar “esa ca.. ya no preguntes…”.

Ellos al igual que yo, se llevaron la misma pizza: La Pizza Sabor “Decepción”.

PD: Claro que contestaré la encuesta que viene en el ticket y claro que dejé sentir mi decepción en sus redes sociales, mismas que mientras escribía esta colaboración “respondieron” con un DM que decía “Buenas noches Felipe, ¿Nos puedes dar más detalles del inconveniente que pasaste?, vamos a dar seguimiento a tu caso”, más de 24 horas después de esta historia que hoy ya conocen.

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